jueves, 3 de enero de 2008

“A Cuba se le da, no se le pide”

Por Pedro Taveras. pjtaveras@hotmail.com
El autor es antropólogo social
A decenas de miles de cubanas y cubanos que salvan vidas y calman dolores en los lugares más pobres y apartados del mundo.
Con el advenimiento de los regímenes participativos en América Latina, Cuba ha tenido una oportunidad para demostrar, una vez más, el sentido de la solidaridad con los pobres del mundo, sin importar el gobierno que tengan, y a la vez un respiro para comenzar a construir un camino o, mejor dicho, reparar un camino construido en el vaivén de la guerra fría y bajo las más grandes presiones que patria alguna haya tenido con todos los poderes del mundo en su contra.
La tierra de Martí construye la democracia socialista hostigada por la potencia económica y militar más grande del mundo que, para mal de Cuba, se encuentra en su frontera, sin ser la isla una amenaza para la seguridad de la gran nación norteamericana; mientras le da la mano a millones de seres humanos que sufren en Asia, África, América. Y no vaciló en ofrecer la incalculable ayuda de más de mil médicos, cuando Katrina atacó a los pobres y negros de Nueva Orleans, dispuestos a ir, como emergencia, donde otros galenos no llegarían.
Hace más de treinta años que Cuba viene planteando la coexistencia pacífica y el derecho al desarrollo en el mundo de los no alineados, así como diálogos con las administraciones estadounidenses, algunos acuerdos infructuosos, otros insuficientes en su ejecutoría; entre ellos los acuerdos migratorios y la lucha contra el terrorismo, como ejemplos de sus modestos esfuerzos.
Por mucho que quiera hacer la revolución es imposible desarrollarse a plenitud con tantas adversidades; bastante ha logrado, a pesar de depender, en muchos casos, de los intercambios a través de terceros.
Difícil fue para la isla haber perdido a sus socios económicos tradicionales después del derrumbe de la Europa del este o bloque socialista.
Gracias a que, como dice la canción de Pablo Milanes, “…Bolívar lanzó una estrella azul, que Fidel dignificó, para andar por esta tierra…”, Cuba se abre camino en esta geografía americana.
El estigma del barbudo alzado en las selvas americanas se mantuvo por mucho tiempo en la mente taumaturga de los pueblos del continente, unos viéndolo como un redentor y otros como una amenaza a sus intereses, idea que ha ido cambiando por la presencia de médicos del cuerpo y médicos del alma “alzados” en montañas y barriadas dando amor y solidaridad, facilitando el “Yo si puedo” y las diferentes misiones en pro de la vida entre los excluidos del continente.
La estrategia cubana décadas atrás no estuvo en América como quizás creyeron algunos, al contrario, la América verde se mantuvo en luchas de ghettos guerrilleros, desperdigados en su inmensa geografía, en un completo diversionismo ideológico, tratando de hacer sus cambios estructurales con políticas y culturas particulares, que fueron desde el sincretismo político religioso (Perú), pasando por el culturalismo sandinista (Nicaragua); así como la expresión urbana de la lucha revolucionaria en el cono sur (Uruguay y Argentina) y el electoralismo como proceso de la izquierda (Venezuela antes de La Quinta República).
En esta parte del mundo no fue posible un Vietnam, dos Vietnam y tantos Vietnam como países oprimidos existieran, como pretendió el legendario “Che” argentino. Al final de la década del 60 este escenario se cerró en la América morena y Cuba se fue al continente negro a saldar la deuda de la esclavitud, creándose allí varios Vietnam, quedando demolidos regímenes oprobiosos del continente y con ésta la independencia del colonialismo, el neocolonialismo y la eliminación del racismo como política de Estado.
Después de más de treinta años de Cuba en África (y que conste: sigue en África) regresa a la América nuestra, no con el fusil liberador, no como la Cuba “invasora”, “comunista” y “comegentes” como les decían. Esa entrada a nuestra América ha sido con la bata blanca de la salud y la pureza, con el lápiz de la educación e instrucción para la libertad, con la mano edificadora de sociedades más justas. Así ha venido Cuba a clavarse en el mismo corazón de América, solidarizándose con el resto de la humanidad como ningún pueblo en el mundo lo ha hecho.
Decenas de miles de hombres y mujeres profesionales ofrecen lo mejor de su formación social y técnica a los más necesitados de varios continentes: en Haití, en Bolivia, en Centro América, en Venezuela, para sólo mencionar algunas naciones de este continente, están los cubanos y las cubanas con mano, corazón y mente practicando el amor a escala social, dando su vida por lo demás. Por eso defender a Cuba socialista es una cuestión de amor a los demás, es un acto personal y debe ser una posición de los gobiernos y pueblos de este continente. ¿Por qué hay que estar contra Cuba si nos ha dado tanto?
A Cuba por gratitud se le respeta, como nos enseñó Juan Bosch, el maestro de siempre, cuando al hablar de la cantidad de ediciones que se habían hecho en el mundo de su libro El Arte de Escribir Cuentos, excluyó a Cuba y manifestó que no mencionaba el número de las ediciones cubanas porque las desconocía, ya que en la patria socialista no necesitaban de su autorización para publicar sus libros, porque “A Cuba se la da, no se le pide”.

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La grandeza de un hombre en un grano de maíz

Por Pedro Taveras
Fidel Castro en sus reflexiones del 30 de abril de presente año, al escribir sobre el tema energético y las amenazas de transgresiones ecológicas y hambrunas que implicaría producir biocombustible de manera masiva para satisfacer el consumo de los países ricos, a partir de la caña de azúcar y otros alimentos, hace referencia al trabajo de cortar la caña manualmente, para destacar la cantidad de energía humana necesaria para producir el combustible.
Basándose en fuentes brasileñas (país que se prepara para la gran producción de etanol a partir de la caña de azúcar), Castro dice que para cortar 12 toneladas de dicha gramínea, cantidad ideal para que un picador pueda obtener la ganancia de su manutención, el picador tiene que someterse a unas 36,630 flexiones de piernas, caminar 800 tramos con cargas y desplazarse unos 8,800 metros en horario de las 8:00 de la mañana a 5:00 de la tarde.
Con estos datos el polémico líder cubano nos conceptualiza la energía humana como la capacidad que tiene la especie para realizar un trabajo, cuestionando de esta manera la cantidad de energía necesaria para la producción a gran escala del etanol, descalificándole como combustible alternativo, por lo insustentable desde el punto de vista humano y ecológica.
La energía a emplear en cantidad e intensidad produciría un impacto en lo ambiental y en lo económico perjudicial para la especie humana.
En este artículo lo que más puede impresionar a un ciudadano común fuera de Cuba, es saber que Fidel cortaba caña y no de manera simbólica.
El líder cubano, quien a temprana edad se perfiló como lo que es, contando con 44 años y en medio de la efervescencia revolucionaria, dirigía, ocupando la primera línea del frente, la batalla para cumplir con la zafra de los 10 millones de toneladas del dulce en 1970.
Para la época se escuchaba decir que el rebelde verde olivo cortaba caña, las opiniones contrarias siempre lo negaban y argumentaban que se trataba de actitudes publicitarias, no se admitía que hacía un trabajo productivo de manera cotidiana: "...desde temprano”, "durante cuatro horas" el ídolo de los revolucionarios del mundo trabajaba para la zafra, hasta que dejó de hacerlo porque sufrió una herida en un pie cuando con un afilado machete cortó hasta su bota por accidente.
Fidel ofrece este testimonio para explicar lo agotador que es cortar caña, aun teniendo todas las facilidades que no tenían otros, tales como que le afilaran el machete, tener almuerzo y un lugar para descansar.
Al decir estas cosas, Fidel distrae a cualquiera y, lejos del lector prestar atención al problema energético, le pone a pensar en la aptitud moral del revolucionario.
Así es la grandeza humana.
Su testimonio es estremecedor ante la conciencia de un mundo lleno de vanidad.
- "Fidel corta caña", decía papá.
- “mentira, ese es un doble, como se pervierten ustedes…", decía mi tío cura.
39 años más tarde de creer en las palabras de papá, leo lo que dice Fidel, al querer decirnos otras cosas: "yo personalmente he cortado caña no pocas veces por deber moral, igual que otros compañeros dirigentes del país. Y agrega: "Recuerdo el mes de agosto de 1969. Escogí un lugar próximo a la capital. Me movía bien temprano cada mañana hacia allí… No cesaba de cortar un minuto durante cuatro horas consecutivas… Ni una vez dejé de producir un mínimo de 3.4 toneladas diarias”.
Fidel admite que fue un cortador con mucha ayuda: "alguien se encargaba de afilar el machete ... luego me bañaba, almorzaba sosegadamente y descansaba en un lugar muy próximo - y termina diciendo, como si se tratara de un ciudadano cualquiera: "detuve aquel esfuerzo personal cuando me ocasioné una herida en el pie izquierdo. El afilado machete había penetrado en la bota protectora". (Reflexiones del 30 de abril de 2007, publicadas por Granma Internacional, versión digital)
Se trata del hombre del Moncada, el sobreviviente del Granma y el protagonista de la crisis de los misiles, al principio de la década del 60; cuando la tensión de guerra nos acercó a la real amenaza de la desaparición de la especie humana por la hecatombe nuclear, según los expertos.
Ese líder se corto un pie, en el momento en que cortaba caña. Un líder mundial cortaba caña.
“Fidel corta caña”, decía papa y yo lo cría con apenas 10 años.
Mi papá y yo no conocíamos que toda la grandeza del mundo cabe en un grano de maíz, como sentenció Martí.
pjtaveras@hotmail.com