miércoles, 23 de enero de 2008

Quisqueya Verde entre la incredulidad y la esperanza

Por Pedro Taveras (pjtaveras@hotmail.com)
Hace diez años que Arcadia Calderón, al igual que la mayoría de los habitantes de la comunidad de Los Ganchos ubicada en la cuenca alta del río Haina del distrito municipal San José del Puerto en Villa Altagracia, veía entrar y salir un camioncito de jornaleros que “sembraban palos” en la loma; eran jornaleros de Quisqueya Verde que venían de Básima y Guananito.
“Con palo no se come”, murmuraban algunos campesinos; ni Arcadia, ni la gente de la comunidad de Los Ganchos entendían que la reforestación era una cuestión de comida también.
La gente de Los Ganchos, salvo algunos de sus habitantes, no creyó en principio en el Plan Nacional Quisqueya Verde y por tales razones no participó en el proceso de reforestación de la zona; por lo que el mérito de esa labor les corresponde a los habitantes de Básima y Guananito.
Cuando Quisqueya Verde inició los trabajos de reforestación en esa loma, en 1997, justo entre las provincias Monseñor Nouel y San Cristóbal, lo hacía para proteger las microcuencas de los arroyos Guananito, Yabacoa, Juan Manuel y Arroyo Vuelta, el primero de la cuenca Haina y los otros tres de la cuenca Maimón. Con estas acciones llevaban el ingreso directo a más de cien familias que vivían en extrema pobreza, a las cuales se le mejoró su vivienda y muchas recibieron una nueva, las que conforman el barrio que la gente llama con el mismo nombre del Plan, al la altura del km. 56 de la carretera Duarte. Cuando diez años atrás todo era diferente: pajones, quemas periódicas para mejorar un pasto incipiente; y más de dos millones de pequeños arbolitos sueltos en esas montañas de Dios, con voces agoreras vaticinando el fracaso del plan y que a veces llevaban a cualquiera a la desesperanza, se insistía en decirle a la gente que de esas plantaciones dependían los empleos del futuro.
Pasaron los años y esas tierras se cubrieron de esperanza.
PELAR VARAS UN NUEVO OFICIO
Ahora, con el relanzamiento del Plan Nacional de Reforestación Quisqueya Verde (2007) y al vivir la experiencia forestal de los últimos años, los habitantes de Los Ganchos, en el municipio de Villa Altagracia, clamaron por ser los nuevos jornaleros del Plan “porque aquí la gente se gana la comida con las varas de los raleos y hay muchos beneficios por esos palos”, como dijo uno de los campesinos que entregaba su cédula para integrarse a una brigada en ese frente de reforestación.
“Si yo no hubiera vendido mi parcela…”, decía un campesino, lamentándose, porque otro ha sacado buenos beneficios de lo que era su propiedad.
Doña Arcadia, más conocida por el apodo de “Juana”, quien ha estado enferma con dos operaciones en la columna y abuela de dos niños, dice sentirse bien porque en la cercanía de su casa trabaja pelando varas y, aunque no puede trabajar mucho por sus problemas de hernia discal, asegura que “se gana el arroz de su familia” y que puede pelar entre 20 y 40 varas al día, por las que cobra 10 pesos por cada una.
Contrario a Juana está Ricardo Calderón, alias “Negro”, su primo, quien pela de 40 a 60 varas “y a veces hasta 70, aunque no siempre” nos aclara este padre de cinco hijos, de los cuales tiene que mantener cuatro.
“Yo no pelo mucho, hay otros que pelan 70 y hasta cien varas, como Santo Vicente; vea, aquí hay gente que pela…”, nos explica Negro, mientras se echa al hombro la pala de corte con que quita la cáscara de la vara.
A Negro le preguntamos por qué él no formaba parte de la brigada, ya que siempre lo veía en las reuniones comunitarias donde se organizó el grupo de jornaleros que trabaja en la zona. Y nos contestó “Yo estoy apoyando la brigada, pero no me conviene trabajar en ella, porque pelando varas me puedo ganar de inmediato hasta 8 mil pesos al mes.”
Como a doscientos metros de donde nos encontramos con Juana y Negro, encontramos a dos niños con palas en manos, al preguntarles si iban a pelar varas nos contestaron que sí. “Ustedes son niños y no pueden trabajar, orientó Domingo, el técnico de Quisqueya Verde, haciendo referencia al trabajo asalariado. Nos dijeron que eran palos para su casa. En realidad eran unos cuantos puntales para la construcción de un rancho.
Cuando regresábamos, a la 1:30 de la tarde, nos encontramos con los dos niños que iban para la escuela, al vernos se rieron: “Quisqueya Verde”, dijeron.

1 comentario:

  1. Que haces buen viejo? siembro..
    siembro por lo que he degustado en agradecimiento, por aquellos que sembraron para mi. !Adelante Quisquella Verde! el fruto del agradecimiento estará presente en estas generaciones...GRACIAS AL BUEN GOBERNAR DE LEONEL F. REYNA.

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La grandeza de un hombre en un grano de maíz

Por Pedro Taveras
Fidel Castro en sus reflexiones del 30 de abril de presente año, al escribir sobre el tema energético y las amenazas de transgresiones ecológicas y hambrunas que implicaría producir biocombustible de manera masiva para satisfacer el consumo de los países ricos, a partir de la caña de azúcar y otros alimentos, hace referencia al trabajo de cortar la caña manualmente, para destacar la cantidad de energía humana necesaria para producir el combustible.
Basándose en fuentes brasileñas (país que se prepara para la gran producción de etanol a partir de la caña de azúcar), Castro dice que para cortar 12 toneladas de dicha gramínea, cantidad ideal para que un picador pueda obtener la ganancia de su manutención, el picador tiene que someterse a unas 36,630 flexiones de piernas, caminar 800 tramos con cargas y desplazarse unos 8,800 metros en horario de las 8:00 de la mañana a 5:00 de la tarde.
Con estos datos el polémico líder cubano nos conceptualiza la energía humana como la capacidad que tiene la especie para realizar un trabajo, cuestionando de esta manera la cantidad de energía necesaria para la producción a gran escala del etanol, descalificándole como combustible alternativo, por lo insustentable desde el punto de vista humano y ecológica.
La energía a emplear en cantidad e intensidad produciría un impacto en lo ambiental y en lo económico perjudicial para la especie humana.
En este artículo lo que más puede impresionar a un ciudadano común fuera de Cuba, es saber que Fidel cortaba caña y no de manera simbólica.
El líder cubano, quien a temprana edad se perfiló como lo que es, contando con 44 años y en medio de la efervescencia revolucionaria, dirigía, ocupando la primera línea del frente, la batalla para cumplir con la zafra de los 10 millones de toneladas del dulce en 1970.
Para la época se escuchaba decir que el rebelde verde olivo cortaba caña, las opiniones contrarias siempre lo negaban y argumentaban que se trataba de actitudes publicitarias, no se admitía que hacía un trabajo productivo de manera cotidiana: "...desde temprano”, "durante cuatro horas" el ídolo de los revolucionarios del mundo trabajaba para la zafra, hasta que dejó de hacerlo porque sufrió una herida en un pie cuando con un afilado machete cortó hasta su bota por accidente.
Fidel ofrece este testimonio para explicar lo agotador que es cortar caña, aun teniendo todas las facilidades que no tenían otros, tales como que le afilaran el machete, tener almuerzo y un lugar para descansar.
Al decir estas cosas, Fidel distrae a cualquiera y, lejos del lector prestar atención al problema energético, le pone a pensar en la aptitud moral del revolucionario.
Así es la grandeza humana.
Su testimonio es estremecedor ante la conciencia de un mundo lleno de vanidad.
- "Fidel corta caña", decía papá.
- “mentira, ese es un doble, como se pervierten ustedes…", decía mi tío cura.
39 años más tarde de creer en las palabras de papá, leo lo que dice Fidel, al querer decirnos otras cosas: "yo personalmente he cortado caña no pocas veces por deber moral, igual que otros compañeros dirigentes del país. Y agrega: "Recuerdo el mes de agosto de 1969. Escogí un lugar próximo a la capital. Me movía bien temprano cada mañana hacia allí… No cesaba de cortar un minuto durante cuatro horas consecutivas… Ni una vez dejé de producir un mínimo de 3.4 toneladas diarias”.
Fidel admite que fue un cortador con mucha ayuda: "alguien se encargaba de afilar el machete ... luego me bañaba, almorzaba sosegadamente y descansaba en un lugar muy próximo - y termina diciendo, como si se tratara de un ciudadano cualquiera: "detuve aquel esfuerzo personal cuando me ocasioné una herida en el pie izquierdo. El afilado machete había penetrado en la bota protectora". (Reflexiones del 30 de abril de 2007, publicadas por Granma Internacional, versión digital)
Se trata del hombre del Moncada, el sobreviviente del Granma y el protagonista de la crisis de los misiles, al principio de la década del 60; cuando la tensión de guerra nos acercó a la real amenaza de la desaparición de la especie humana por la hecatombe nuclear, según los expertos.
Ese líder se corto un pie, en el momento en que cortaba caña. Un líder mundial cortaba caña.
“Fidel corta caña”, decía papa y yo lo cría con apenas 10 años.
Mi papá y yo no conocíamos que toda la grandeza del mundo cabe en un grano de maíz, como sentenció Martí.
pjtaveras@hotmail.com