jueves, 3 de junio de 2010

Te hablo de Alto Velo

Por Pedro Taveras

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Te hablo de Alto Velo. Fue un viaje con poco tiempo: de un día para otro, cada quien preocupado por los suyos y por la seguridad de todos, por eso terminamos optando por retirarnos rápido, alegando que el mal tiempo no nos iba a dejar salir. Por mi parte me hubiera gustado estar varios días sobre las aves, el guano, la vegetación y haciendo fotografías.

Visité Alto Velo como parte del equipo del ingeniero Carlos Rijo, quien coordina el proyecto “Mitigando las Amenazas de las Especies Exóticas Invasoras en el Caribe Insular”, un proyecto regional en el cual se encuentran comprometidas cinco naciones (Bahamas, Jamaica, República Dominicana, Santa Lucia y Trinidad y Tobago). El objetivo de este proyecto es contrarrestar el peligro que para la biodiversidad representan las especies exóticas invasoras. Esta iniciativa se enmarca dentro del programa de biodiversidad de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y es financiado por el Fondo para el Medio Ambiente (GEF- por sus siglas en ingles) y lo implementa el Commonwealt Agriculture Bureau International (CABI). En República Dominicana lo ejecuta el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, concentrando sus acciones en desarrollo de estrategias, planes y políticas para el manejo de las exóticas invasoras, así como dos proyectos pilotos de erradicación. Alto Velo es uno de los sitios de los Proyectos Pilotos.

Además nos acompañaban, seis personas más que llevan a cabo estudios en la zona, entre los que se encuentran biólogos, especializados en aves, del Programa de Monitoreo de los Anidamientos de Aves Marinas (bubies), así como miembros de la dirección local del Ministerio Ambiente de la provincia Pedernales, quienes nos recibieron y condujeron hasta la isla.
(Fotos por Pedro Taveras)
Aquel es un lugar hermoso,  más de un km cuadrado. Como su nombre lo dice es un velo alto en el mar, una montaña que se levanta en este lugar. Los cronistas de indias llamaron alta vela, parece un decimonónico y estático velero, a lo lejos, como flotando en el mar Caribe, semeja a un mojoso galeón que quiere hundirse, cuya principal vela mide 160 metros sobre el nivel del mar.

Un lugar que fue muy rico biológicamente y aún lo es, pero saqueado durante siglos. Fue a partir de los años cincuenta del siglo antepasado (1850) cuando se comenzó a explotar el guano de manera industrial, constituyendo el principal fertilizante del continente. El guano es el excremento de las aves marinas. La fiebre del guano recorrió, desde Norteamérica, interesada por él, hasta Suramérica, donde se llevaron a cabo fuertes luchas por dicha materia, conocidas como la guerra del guano.

En el Caribe insular la isla de Alto Velo, perteneciente a la República Dominicana, fue de las más codiciadas por empresarios norteamericanos, originándose fuertes luchas violentas por la posesión de esta. Hubo concesiones por la explotación de decenas de miles de toneladas de guano que se llevaban a otros países, principalmente Estados Unidos. En cada periodo de fuerte explotación era biológicamente destruida. Hoy es una isla invadida por especies que compiten con las nativas, como son los gatos, quienes se alimentan de pichones de gaviotas y bubíes.

En cuanto al viaje de ida y vuelta fue terrible: la primera hora o cuarenta minutos de ida no se siente nada, hasta fotos se pudieron hacer, pero después tuvimos que empacar todo como si fuéramos a nadar, ya que el oleaje llenaba la embarcación de agua. Al regreso el tormento es al principio. Cuando yo miraba hacia atrás preguntaba si había pasado por esas olas, marullos, como llaman a esas olas, esas pequeñas montañas en movimientos perpetuo. El capitán, es un león del mar a diferencia del pez invasor del mismo nombre, es solidario, aunque en el pasado fue un depredador de los recursos costeros marinos de la zona convertido hoy en un defensor de los recursos naturales desde el Ministerio Ambiente del que forma parte. “Ramito,” como se llama el capitán, evadía las olas de lado, así evitaba fuertes golpes de caída, capaz de desvertebrar a cualquiera, sentía los golpes en la columna vertebral; de la parte media de la embarcación hacia delante nadie podía aguantar esos golpes. Increíble! Sacando agua permanentemente, por suerte que mi empaque desde la capital fue a prueba de lluvia y lo reforcé en la noche en el hotel, pues viajaba con 5 radios de comunicación, como apoyo al grupo, GPS, mi nikón d80, mi macro 90mm, era mi fortuna en las espaldas que debía cuidar de la salinidad.

Estando en la isla en la noche Rijo, a quien yo servía de ayudante, me preguntó: “- ¿tu te asustaste?,” “- no, le dije, me preocupó que se pudiera mojar la cámara”. Francamente mis equipos podrían flotar y no se mojaban. Solo el GPS y mi cartera se mojaron, para los cuales no valió las funditas (bolsitas) que lo protegían.

Mi interés en ese momento era tomar un punto y hacer fotos de los marullos y los peces voladores más que pensar en la desgracia que podría advenirse.

Lo grande de todo esto es que uno pasa como una hora sin ver tierra firme, después se ve una silueta, ahí comienza el capitán a decir: “miren a Alto Velo”.

Yo creía que la ruta era parecida a la isla Beata, pero no, es diferente. Para llegar a Alto Velo se parte desde Cabo Rojo o desde la cueva de Bahía de las Águilas y le da para abajo, como el que va para Venezuela, solo que se detiene uno como a 60 km de la costa, donde es Alto Velo. En coordenadas: 219 184 e y 1934 183 UTM.

Ese paso es un canal que a veces se encuentra tranquilo, pero generalmente se presenta como violento y nos dice el Capitán que el canal que hay entre Isla Beata y Alto Velo es intransitable para ese tipo de embarcación, que es un bote de transportar pescado desde la zona de beata hacia pedernales, bajo otras condiciones.

Rijo iba pensativo y activo a la vez, iba con un fuerte malestar por el olor a la gasolina, también los demás sintieron mareo por el combustible desbordado, pero a Rijo le fue peor: había tragado un poco de gasolina al succionar la manguera de uno de los tanques que suministraba carburante a los motores 2T, pues, tuvimos problemas en el trayecto de ida, justo cruzando el canal que el Capitán llama de los vientos, no se si haciendo referencia al canal que nos separa de las islas de Jamaica y Cuba o por los fuertes vientos de la zona.

Uno de los dos motores fuera de bordas de 60 caballos cada uno que movían el bote de unos 30 pies de eslora, se dañó, mientras Ramito, el capitán, forcejeaba con él: quitaba el protector que lo cubre, halaba mangueritas, succionaba, haciendo dos y tres cosas al mismo tiempo. Intentaba prenderlo. Algunos en el grupo hacían sugerencias de acuerdo a su experiencia, pero Rijo metió la boca. Succionó gasolina. El silencio de todos era una forma de comunicarse consigo mismo. Al cruzar el canal, se habló poco, tanto en la ida como en la vuelta. Es un monologo de Ramito: “por aquí cruzo, que no se ve nada, bajo agua de noche, decía. “Yo le doy ahí -indicando hacia donde está Alto Velo-, y llego bajo agua, que no se ve nada,… yo no quiero maltratarlo” recalcaba. -“ustedes no saben nada, aquí no hay tormenta”, hablaba para evitar intranquilidad.

Cuando  vi, en medio de aquella tormenta, aquel hombre moviendo tanques, destapando el motor, que la bujía está mojada, que no me da, que viene la lluvia, cierren. Me olvidé de mi propia vida, tenía deseo de hacer fotos de los marullos, de las aves marinas y los peces voladores cual si fuesen aves que nos custodiaban, pero era imposible por las aguas dulces del cielo y las calientes del mar. Yo pensé en lo que antes le había dicho a mi amigo Rijo: solo voy a creer que vamos a Alto Velo cuando esté allá. En la noche me confesó que pensó plantearnos que nos devolviéramos y le agregué a su comentario: si lo hubieras hecho, yo lo hubiera apoyado, pues, sin pensar en cábalas, ya era el tercer intento de mi parte por llegar a Beata, que era como llegar a Alto Velo. .

La grandeza de un hombre en un grano de maíz

Por Pedro Taveras
Fidel Castro en sus reflexiones del 30 de abril de presente año, al escribir sobre el tema energético y las amenazas de transgresiones ecológicas y hambrunas que implicaría producir biocombustible de manera masiva para satisfacer el consumo de los países ricos, a partir de la caña de azúcar y otros alimentos, hace referencia al trabajo de cortar la caña manualmente, para destacar la cantidad de energía humana necesaria para producir el combustible.
Basándose en fuentes brasileñas (país que se prepara para la gran producción de etanol a partir de la caña de azúcar), Castro dice que para cortar 12 toneladas de dicha gramínea, cantidad ideal para que un picador pueda obtener la ganancia de su manutención, el picador tiene que someterse a unas 36,630 flexiones de piernas, caminar 800 tramos con cargas y desplazarse unos 8,800 metros en horario de las 8:00 de la mañana a 5:00 de la tarde.
Con estos datos el polémico líder cubano nos conceptualiza la energía humana como la capacidad que tiene la especie para realizar un trabajo, cuestionando de esta manera la cantidad de energía necesaria para la producción a gran escala del etanol, descalificándole como combustible alternativo, por lo insustentable desde el punto de vista humano y ecológica.
La energía a emplear en cantidad e intensidad produciría un impacto en lo ambiental y en lo económico perjudicial para la especie humana.
En este artículo lo que más puede impresionar a un ciudadano común fuera de Cuba, es saber que Fidel cortaba caña y no de manera simbólica.
El líder cubano, quien a temprana edad se perfiló como lo que es, contando con 44 años y en medio de la efervescencia revolucionaria, dirigía, ocupando la primera línea del frente, la batalla para cumplir con la zafra de los 10 millones de toneladas del dulce en 1970.
Para la época se escuchaba decir que el rebelde verde olivo cortaba caña, las opiniones contrarias siempre lo negaban y argumentaban que se trataba de actitudes publicitarias, no se admitía que hacía un trabajo productivo de manera cotidiana: "...desde temprano”, "durante cuatro horas" el ídolo de los revolucionarios del mundo trabajaba para la zafra, hasta que dejó de hacerlo porque sufrió una herida en un pie cuando con un afilado machete cortó hasta su bota por accidente.
Fidel ofrece este testimonio para explicar lo agotador que es cortar caña, aun teniendo todas las facilidades que no tenían otros, tales como que le afilaran el machete, tener almuerzo y un lugar para descansar.
Al decir estas cosas, Fidel distrae a cualquiera y, lejos del lector prestar atención al problema energético, le pone a pensar en la aptitud moral del revolucionario.
Así es la grandeza humana.
Su testimonio es estremecedor ante la conciencia de un mundo lleno de vanidad.
- "Fidel corta caña", decía papá.
- “mentira, ese es un doble, como se pervierten ustedes…", decía mi tío cura.
39 años más tarde de creer en las palabras de papá, leo lo que dice Fidel, al querer decirnos otras cosas: "yo personalmente he cortado caña no pocas veces por deber moral, igual que otros compañeros dirigentes del país. Y agrega: "Recuerdo el mes de agosto de 1969. Escogí un lugar próximo a la capital. Me movía bien temprano cada mañana hacia allí… No cesaba de cortar un minuto durante cuatro horas consecutivas… Ni una vez dejé de producir un mínimo de 3.4 toneladas diarias”.
Fidel admite que fue un cortador con mucha ayuda: "alguien se encargaba de afilar el machete ... luego me bañaba, almorzaba sosegadamente y descansaba en un lugar muy próximo - y termina diciendo, como si se tratara de un ciudadano cualquiera: "detuve aquel esfuerzo personal cuando me ocasioné una herida en el pie izquierdo. El afilado machete había penetrado en la bota protectora". (Reflexiones del 30 de abril de 2007, publicadas por Granma Internacional, versión digital)
Se trata del hombre del Moncada, el sobreviviente del Granma y el protagonista de la crisis de los misiles, al principio de la década del 60; cuando la tensión de guerra nos acercó a la real amenaza de la desaparición de la especie humana por la hecatombe nuclear, según los expertos.
Ese líder se corto un pie, en el momento en que cortaba caña. Un líder mundial cortaba caña.
“Fidel corta caña”, decía papa y yo lo cría con apenas 10 años.
Mi papá y yo no conocíamos que toda la grandeza del mundo cabe en un grano de maíz, como sentenció Martí.
pjtaveras@hotmail.com