miércoles, 2 de mayo de 2012

Economía Verde en la Frontera



Por Pedro Taveras (pjtaveras@hotmail.com)

Cuando el 3 de febrero de 2009 nos reunimos en el centro comunal del Distrito Municipal de Capotillo, Loma de Cabrera, en la provincia Dajabón, el local estuvo repleto de hombres y mujeres con los niños en los brazos que esperaban impacientes a los técnicos de Quisqueya Verde y  a la directora del Ministerio Ambiente en la provincia, quienes en esa misma tarde estuvieron reunidos con dirigentes comunitarios en Hipólito Billini, formando la brigada en esa comunidad.  Eran habitantes de Capotillo, desafiantes de las precariedades que les ha tocado vivir, los que esperaban esa noche.

 No habíamos terminado de pedir excusas a los comunitarios por lo tarde que llegamos, cuando de inmediato quisimos motivar  a la gente sobre la importancia de los trabajos de reforestación,  aclarándoles que  la labor no era fácil, que era  comprometedora con la comunidad y el país, que jamás pensaran que podían ser parte de una brigada de gente que no trabajará o trabajará poco.
 Alguien dijo que para ellos no había nada difícil por los trabajos que habían hecho para mantenerse vivos.

El entonces ministro de Medioambiente, Jaime David Fernández Mirabal, nos ha acostumbrado a decir que la brigada debió comenzar ayer, haciendo referencia a que trabaje de inmediato. Y como debió comenzar ayer, esa misma noche, ya tarde, se pusieron de acuerdo y se organizaron para empezar al día siguiente, porque ya estaban dadas las condiciones básicas para la apertura de una brigada de reforestación Quisqueya Verde, ya que contaban con grupos de jornaleros, captación de terreno mediante la matriz de reforestación y la organización para dirigir los trabajos, que descansaban en la dirección local provincial.

Dijeron que iban a comenzar formalmente el día 2 y que ese día (el 3) que nos reunimos, ellos los iban a trabajar los dos sábados siguientes, para cumplir con aquella idea de que se debió comenzar ayer.

Así comenzó  la brigada Capotillo I.

Después surgieron las brigadas de Fondo Grande, Pueblo Nuevo, Capotillo II, Magasé y Capotillo Haitiano; en ambos lados de la línea fronteriza.
Esta brigada, igual que otros cientos en todo el país, se ha capacitado en reforestación y control  de incendios, mediante los talleres que lleva a cabo el Ministerio Ambiente en coordinación con  organismos nacionales e internacionales.

Desde el 2009 hasta la fecha la brigada ha plantado más de 320,000 arbolitos. “Están tan altos como un palo de luz”, dice Yudy, la responsable de la brigada; para referirse a que alcanzan varios metros de altura,  y específica: “como la parcela de Simón”, para citar a  uno de los más de cuarenta campesinos beneficiados con la reforestación de sus parcelas, así como Simón se pueden mencionar a Eduardo Espinal, Félix Andújar, Pupo, Nano Espinal, Elías Muñoz y Felito, quienes han plantado pino criollo y caribea, mara, cedro, caoba criolla, entre otras.

La brigada está compuesta por diez personas o jornaleros comunitarios. Se le llama jornaleros comunitarios porque son de la comunidad, trabajan para la comunidad incluyéndose, en muchos casos, ellos mismos, no para un dueño en  particular.

Está dirigida, como todas las otras brigadas del país,  por  una mujer, Yudy , quien dice que gracias a la brigada de Quisqueya Verde, sus hijos están estudiando, al tiempo que  informa: “mi casa se quemó antes de yo trabajar en la brigada y gracias a lo que  me gano trabajando en la reforestación, estoy mudándome, porque solo le faltan ventanas, divisiones y el empañete. Con poca cosa me mudo”, asegurando que tiene ahorrado unos 22,000 pesos. “Eso no es na, tengo una nevera, una estufa, losa para la casa, un abanico y una televisión de 32 pulgadas que compré por  3,500 pesos en el mercado haitiano, antes no ganaba nada…”, nos repite.

Yudy es una mujer fuerte, de fácil hablar, que está al tanto de su gente jornalera, conocedora de cada paso que ha dado la brigada en más de cuarenta parcelas donde han reforestado; no tiene necesidad de consultar el cuaderno, para conocer de los jornales que han utilizado en la reforestación de una parcela determinada.

Por la confianza que tengo con esta mujer le pregunté  que si no era una mentira que pudiera hacer tantas cosas con lo que gana, y respondió que un barrendero gana 1,700 pesos y una secretaria de un ayuntamiento  o junta distrital 3,000  y un tesorero 7,000 y ella gana sobre los 7000 pesos.

 Buscando hacerla sentir bien le dije que los demás debían hacer como ella que ha ahorrado, me aclaró que el grupo tiene una cuenta bancaria; le dije que ahorro era comprar cosas para la casa o comprar animales, a lo que me respondió contundentemente: “Tenemos dos meses ahorrando, porque a nosotros no nos dan regalía, ni otros beneficios que dan en los trabajos, por eso sacamos una cuenta en la Cooperativa Global de Loma de Cabrera a nombre de 4 personas que representan a los demás de la brigada y hemos invitado a la brigada Capotillo II para que participe en ese ahorro”; y me aclara: “Yo abono 1000, Dilcio 800, Eduardo 800, otros 300, ese dinero es para sacarlo en diciembre y sólo si pasa algo de emergencia se puede sacar”.

Eduardo Marcelino, supervisor de la brigada de Quisqueya verde, es la persona que les asesora junto a los técnicos de Dajabón.

 -Eso está bien, tener cuenta de ahorro, pero me refiero  a que compren cosas en cada pago, algo que compren…le exhorte y me respondió:

“Todos han comprado: Pablo Villa terminó su casa después de estar en la brigada y ha comprado varias puercas que han parido y ha vendido las crías; Eduardo Espinal compró un equipo de música, una nevera, una estufa, una lavadora, hizo una cocina y comedor, ahora tiene todo adentro”. Y sigue dando datos precisos:
“Danilo Cabrera está construyendo su casa, Carlito hizo su casa de madera y se mudó hace dos semanas”.

Tuve que interrumpirla  para decirle  que volvería hablar con ella, pero con un periodista para hacer un reportaje, porque lo que han hecho ellos, y las demás brigadas de la zona, son grandes obras en lo ambiental y en lo social con pequeños recursos; grandes porque en su contexto  más  de 300,000 arbolitos son una riqueza incalculable;  “mi casa” es su casa, no la mía, una o dos puercas, un televisor son grandes sueños realizados en medio de una calidad de vida por debajo de los niveles de pobreza, que  ya microsocialmente comienza a ser superada sin temor a equivocarme.

La grandeza de un hombre en un grano de maíz

Por Pedro Taveras
Fidel Castro en sus reflexiones del 30 de abril de presente año, al escribir sobre el tema energético y las amenazas de transgresiones ecológicas y hambrunas que implicaría producir biocombustible de manera masiva para satisfacer el consumo de los países ricos, a partir de la caña de azúcar y otros alimentos, hace referencia al trabajo de cortar la caña manualmente, para destacar la cantidad de energía humana necesaria para producir el combustible.
Basándose en fuentes brasileñas (país que se prepara para la gran producción de etanol a partir de la caña de azúcar), Castro dice que para cortar 12 toneladas de dicha gramínea, cantidad ideal para que un picador pueda obtener la ganancia de su manutención, el picador tiene que someterse a unas 36,630 flexiones de piernas, caminar 800 tramos con cargas y desplazarse unos 8,800 metros en horario de las 8:00 de la mañana a 5:00 de la tarde.
Con estos datos el polémico líder cubano nos conceptualiza la energía humana como la capacidad que tiene la especie para realizar un trabajo, cuestionando de esta manera la cantidad de energía necesaria para la producción a gran escala del etanol, descalificándole como combustible alternativo, por lo insustentable desde el punto de vista humano y ecológica.
La energía a emplear en cantidad e intensidad produciría un impacto en lo ambiental y en lo económico perjudicial para la especie humana.
En este artículo lo que más puede impresionar a un ciudadano común fuera de Cuba, es saber que Fidel cortaba caña y no de manera simbólica.
El líder cubano, quien a temprana edad se perfiló como lo que es, contando con 44 años y en medio de la efervescencia revolucionaria, dirigía, ocupando la primera línea del frente, la batalla para cumplir con la zafra de los 10 millones de toneladas del dulce en 1970.
Para la época se escuchaba decir que el rebelde verde olivo cortaba caña, las opiniones contrarias siempre lo negaban y argumentaban que se trataba de actitudes publicitarias, no se admitía que hacía un trabajo productivo de manera cotidiana: "...desde temprano”, "durante cuatro horas" el ídolo de los revolucionarios del mundo trabajaba para la zafra, hasta que dejó de hacerlo porque sufrió una herida en un pie cuando con un afilado machete cortó hasta su bota por accidente.
Fidel ofrece este testimonio para explicar lo agotador que es cortar caña, aun teniendo todas las facilidades que no tenían otros, tales como que le afilaran el machete, tener almuerzo y un lugar para descansar.
Al decir estas cosas, Fidel distrae a cualquiera y, lejos del lector prestar atención al problema energético, le pone a pensar en la aptitud moral del revolucionario.
Así es la grandeza humana.
Su testimonio es estremecedor ante la conciencia de un mundo lleno de vanidad.
- "Fidel corta caña", decía papá.
- “mentira, ese es un doble, como se pervierten ustedes…", decía mi tío cura.
39 años más tarde de creer en las palabras de papá, leo lo que dice Fidel, al querer decirnos otras cosas: "yo personalmente he cortado caña no pocas veces por deber moral, igual que otros compañeros dirigentes del país. Y agrega: "Recuerdo el mes de agosto de 1969. Escogí un lugar próximo a la capital. Me movía bien temprano cada mañana hacia allí… No cesaba de cortar un minuto durante cuatro horas consecutivas… Ni una vez dejé de producir un mínimo de 3.4 toneladas diarias”.
Fidel admite que fue un cortador con mucha ayuda: "alguien se encargaba de afilar el machete ... luego me bañaba, almorzaba sosegadamente y descansaba en un lugar muy próximo - y termina diciendo, como si se tratara de un ciudadano cualquiera: "detuve aquel esfuerzo personal cuando me ocasioné una herida en el pie izquierdo. El afilado machete había penetrado en la bota protectora". (Reflexiones del 30 de abril de 2007, publicadas por Granma Internacional, versión digital)
Se trata del hombre del Moncada, el sobreviviente del Granma y el protagonista de la crisis de los misiles, al principio de la década del 60; cuando la tensión de guerra nos acercó a la real amenaza de la desaparición de la especie humana por la hecatombe nuclear, según los expertos.
Ese líder se corto un pie, en el momento en que cortaba caña. Un líder mundial cortaba caña.
“Fidel corta caña”, decía papa y yo lo cría con apenas 10 años.
Mi papá y yo no conocíamos que toda la grandeza del mundo cabe en un grano de maíz, como sentenció Martí.
pjtaveras@hotmail.com