sábado, 6 de diciembre de 2014

Mes de la Reforestación: una experiencia Productiva, Educativa y Lúdica

Por Pedro Taveras (pjtaveras@hotmail.com)

Durante el mes de octubre de cada año miles de personas se desplazan hacia el campo para  plantar millones de arbolitos, aprovechando la celebración del Mes de la Reforestación y la buena distribución de las lluvias que se producen durante este período.

Octubre, Mes de la Reforestación, fue instituido en el 1997, el mismo año que fue creado el Plan Nacional  Quisqueya Verde, ahora perteneciente al Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales.

La reforestación es una actividad que realizan hombres y mujeres organizados en brigadas en toda la geografía nacional, durante los 365 días que tiene el año, ya que el acto mismo de plantar arbolitos con los voluntarios implica la preparación del terreno, luego el mantenimiento y protección contra animales e incendios de las plantas.   

 Los grupos de personas que participan en las jornadas de reforestación pertenecen a instituciones públicas y privadas de diversos sectores, ONGs, escuelas, colegios, universidades, bancos, embajadas y organismos internacionales, entre otros; que son llevadas a lugares específicos, previa coordinación y organización del viceministerio de Recursos Forestales del Ministerio de Medioambiente, donde se le guarda el terreno preparado, los arbolitos y la orientación precisa de la reforestación, teniendo las instituciones solo que gestionar transporte y refrigerios para los participantes en las jornadas.

Cada jornada de reforestación con voluntarios ofrece grandes beneficios para el país y el grupo colaborador, que podemos calificar como productivo, educativo y lúdico.

Productivo,  porque en cada jornada de reforestación se siembran miles de árboles en las principales cuencas hidrográficas que, sumado al trabajo permanente que realizan las brigadas a nivel  nacional, alcanzan a millones de árboles plantados, que al cabo de los años se convierten en bosques con valores económicos y ambientales cuantiosos  por todos los beneficios que ofrecen para las hidroeléctricas, acueductos, canales de riego y la agricultura.

Educativo, debido a que los participantes se informan, conocen qué es la reforestación, dónde, cómo,  con quiénes y cuándo se reforesta, ya que se vive la experiencia de responder a esas interrogantes de manera participativa; además de fomentar la responsabilidad social individual y corporativa.

Lúdico por lo placentero de la actividad, ya que constituye un acto de amor, de contemplación de la belleza escénica, de ejercitación física y espiritual y de goce por una labor que redunda en beneficio para el país.


En síntesis, las  jornadas de reforestación  constituyen una fiesta nacional y un deleite para el cuerpo y el alma de los partícipes en un espacio natural; lo que se expresa cada mes de octubre cuando se suman cada vez más instituciones y cuando los que ya han vivido la experiencia  retornan con sus familiares, amigos o compañeros de trabajo para volver a vivir la altruista  aventura de reforestar.



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La grandeza de un hombre en un grano de maíz

Por Pedro Taveras
Fidel Castro en sus reflexiones del 30 de abril de presente año, al escribir sobre el tema energético y las amenazas de transgresiones ecológicas y hambrunas que implicaría producir biocombustible de manera masiva para satisfacer el consumo de los países ricos, a partir de la caña de azúcar y otros alimentos, hace referencia al trabajo de cortar la caña manualmente, para destacar la cantidad de energía humana necesaria para producir el combustible.
Basándose en fuentes brasileñas (país que se prepara para la gran producción de etanol a partir de la caña de azúcar), Castro dice que para cortar 12 toneladas de dicha gramínea, cantidad ideal para que un picador pueda obtener la ganancia de su manutención, el picador tiene que someterse a unas 36,630 flexiones de piernas, caminar 800 tramos con cargas y desplazarse unos 8,800 metros en horario de las 8:00 de la mañana a 5:00 de la tarde.
Con estos datos el polémico líder cubano nos conceptualiza la energía humana como la capacidad que tiene la especie para realizar un trabajo, cuestionando de esta manera la cantidad de energía necesaria para la producción a gran escala del etanol, descalificándole como combustible alternativo, por lo insustentable desde el punto de vista humano y ecológica.
La energía a emplear en cantidad e intensidad produciría un impacto en lo ambiental y en lo económico perjudicial para la especie humana.
En este artículo lo que más puede impresionar a un ciudadano común fuera de Cuba, es saber que Fidel cortaba caña y no de manera simbólica.
El líder cubano, quien a temprana edad se perfiló como lo que es, contando con 44 años y en medio de la efervescencia revolucionaria, dirigía, ocupando la primera línea del frente, la batalla para cumplir con la zafra de los 10 millones de toneladas del dulce en 1970.
Para la época se escuchaba decir que el rebelde verde olivo cortaba caña, las opiniones contrarias siempre lo negaban y argumentaban que se trataba de actitudes publicitarias, no se admitía que hacía un trabajo productivo de manera cotidiana: "...desde temprano”, "durante cuatro horas" el ídolo de los revolucionarios del mundo trabajaba para la zafra, hasta que dejó de hacerlo porque sufrió una herida en un pie cuando con un afilado machete cortó hasta su bota por accidente.
Fidel ofrece este testimonio para explicar lo agotador que es cortar caña, aun teniendo todas las facilidades que no tenían otros, tales como que le afilaran el machete, tener almuerzo y un lugar para descansar.
Al decir estas cosas, Fidel distrae a cualquiera y, lejos del lector prestar atención al problema energético, le pone a pensar en la aptitud moral del revolucionario.
Así es la grandeza humana.
Su testimonio es estremecedor ante la conciencia de un mundo lleno de vanidad.
- "Fidel corta caña", decía papá.
- “mentira, ese es un doble, como se pervierten ustedes…", decía mi tío cura.
39 años más tarde de creer en las palabras de papá, leo lo que dice Fidel, al querer decirnos otras cosas: "yo personalmente he cortado caña no pocas veces por deber moral, igual que otros compañeros dirigentes del país. Y agrega: "Recuerdo el mes de agosto de 1969. Escogí un lugar próximo a la capital. Me movía bien temprano cada mañana hacia allí… No cesaba de cortar un minuto durante cuatro horas consecutivas… Ni una vez dejé de producir un mínimo de 3.4 toneladas diarias”.
Fidel admite que fue un cortador con mucha ayuda: "alguien se encargaba de afilar el machete ... luego me bañaba, almorzaba sosegadamente y descansaba en un lugar muy próximo - y termina diciendo, como si se tratara de un ciudadano cualquiera: "detuve aquel esfuerzo personal cuando me ocasioné una herida en el pie izquierdo. El afilado machete había penetrado en la bota protectora". (Reflexiones del 30 de abril de 2007, publicadas por Granma Internacional, versión digital)
Se trata del hombre del Moncada, el sobreviviente del Granma y el protagonista de la crisis de los misiles, al principio de la década del 60; cuando la tensión de guerra nos acercó a la real amenaza de la desaparición de la especie humana por la hecatombe nuclear, según los expertos.
Ese líder se corto un pie, en el momento en que cortaba caña. Un líder mundial cortaba caña.
“Fidel corta caña”, decía papa y yo lo cría con apenas 10 años.
Mi papá y yo no conocíamos que toda la grandeza del mundo cabe en un grano de maíz, como sentenció Martí.
pjtaveras@hotmail.com