jueves, 13 de marzo de 2008

Hasta Siempre Comandante Che Guevara.


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miércoles, 12 de marzo de 2008

Francisco Alberto ¡Caramba!

Por Pedro Taveras (pjtaveras@hotamail.com)
Desde que tenía 11 años escuchaba a mi padre leer en voz alta a “Los Parias” de José María Vargas Vila, era uno de sus libros preferidos. Después me tocó leerlo varias veces, y me marcó a tal extremo que no olvido muchos de sus párrafos aprendidos textualmente de memoria.
Cuando vino el Coronel de Abril yo tenía 14 años. El país vivía una noche oscura, miles eran los muertos de los últimos años, gente desaparecida, las cárceles llenas de presos.
Mi niñez me hacía ver las cosas por el ojo de la cerradura: visitaba La Victoria donde tenia dos familiares presos: uno era un hermano acusado de “terrorismo, asociación de malhechores y práctica ilegal del comunismo” (sic!) el otro era un cuñado que nunca conocí porque “desapareció” en la misma mazmorra La Victoria. “Se fugó y cruzó hacia Haití”, dijo el jefe de la policía de aquel entonces.
Eran los 12 años de Balaguer: un infierno de terror político en el Caribe. Leyendo “Los Parias” conocí a don Nepomuceno Vidal, el viejo fauno; el status quo de una Colombia rural desgarrada por bandos guerrilleros; la lucha entre liberales y conservadores de nunca acabar, me refiero a más de cien años atrás. Recuerdo a Tránsito, la muchacha campesina que debió casarse con su primo, de juventud inocente; sus padres los desheredados de la fortuna; y a Claudio Franco, el miembro de una familia campesina que pudo ir a una universidad, quien con un grupo de jóvenes reflexionaba sobre los procesos sociales, el orden injusto, optando por la soledad como encuentro prematuro con la muerte… El joven guerrillero revolucionario de las América de todos los tiempos. A decir de muchos, él era el mismo autor del libro que se involucraba, porque ya en los años de juventud quedó simbólicamente degollado en las luchas estériles (1884-85) por cambios estructurales proclamados por los liberales de todas las latitudes de América.
Tan lejos en distancia y más de treinta y siete años después de haber leído Los Parias sentí el grito de la soledad como infinito. En lo alto, en el frío, el viento golpea las piedras y los pocos árboles que sobreviven al fuego silban a la tumba de un guerrillero: Francisco Alberto ¡caramba!
Por unos cuantos segundos por mi mente pasaron múltiples imágenes “Los pinos macilentos mecen espectrales sus cabelleras sepulcrales tocadas por el ala de los vientos. Un grito en el infinito semejaba el bramido de los pájaros heridos por las brumas de los mares…”.
En el corazón de Valle Nuevo enterraron al guerrillero !Ahí no más!, en la carretera turística Constanza-Ocoa está un letrero pequeño (como la grandeza cabe en un grano de maíz) indicando dónde estuvo la tumba del Héroe de Playa Caracoles, otro calvario en el trópico.
Me pregunté si era justo que la grandeza del Coronel de Abril de nuestra guerra patria estuviere marcada por una diminuta cruz de metal. No más podía ser… Un comité de amigos de Cuba de San José de Ocoa hacía la obra para indicarnos dónde estuvo enterrado el símbolo de la resistencia de los dominicanos contra el invasor de 1965.
Nada debe hacerse que transgrediera la solemnidad de un parque nacional…fue fauna y flora. Resistente como una inmensa roca. Una montaña fue Francisco Alberto Caamaño.
La ausencia y el olvido se cuajan, el sol de la tarde, el frío de un jueves Santo, a más de dos metros sobre el nivel del mar, dan la coloración que marca los miles de años de un ambiente que parece morir.
Cuando estábamos frente al calvario aparecieron dos caos guardianes de la solemnidad de aquellos pinares, saltando, nerviosos, con gritos desesperantes como queriendo decirnos algo: buscaban las virutas de pan que las mujeres había dejado en el suelo. Otros se acercaron a nosotros con una confianza extrema, mientras los dos primeros posaban en la rama de un pino cercano a la cruz.
El acto me estremeció porque creí ver a los cuervos devorar los destrozos de Claudio Franco, torturado y asesinado por bandas de mercenarios al servicio de latifundistas y oligarcas del bando conservador que se proclamaban defensores de lo establecido, luchadores contra “ ese núcleo de almas inquietas, de intelectuales extraviados en plena barbarie, de espíritu sutiles y delicados, alzándose en ese desamparo moral … su dolorosa condición de vencidos, en el triunfal imperio de la mediocridad, vencedera…” A esos el escritor colombiano llamó: los parias.
Ver a los dos caos llegar, negros, sempiternos, a la tumba del guerrillero en Valle Nuevo, me recordó la muerte de un paria.
¿Por qué tantas semejanzas? ¡Salvo la distancia y el tiempo¡
Valle Nuevo reserva natural, nido de agua, glaciaciones, animales, juegos e ideas para un norte humano donde parece que los insulsos no pueden vivir.
Ahí sacamos momentos para pensar en no más tierras agrestes, un país en desbandada, un coronel entre las ilusiones y un Valle Nuevo calcinado por la desgracia, misterios e incógnitas de una revolución sin andamios, sin ganas de andar…donde la discordia nos había derrotado a todos.
¡Francisco Alberto, Caramba!
Hubo un momento que no escuché a los pájaros cantar a esa soledad. Todos se habían ido con el coronel: el árbol, el ave y las aguas… Todos van a los ríos Al Medio, Ocoa, Nizao y Las Cuevas…. Con las aguas se va la tierra también y con ésta la vida…
Reescritura 2008

La grandeza de un hombre en un grano de maíz

Por Pedro Taveras
Fidel Castro en sus reflexiones del 30 de abril de presente año, al escribir sobre el tema energético y las amenazas de transgresiones ecológicas y hambrunas que implicaría producir biocombustible de manera masiva para satisfacer el consumo de los países ricos, a partir de la caña de azúcar y otros alimentos, hace referencia al trabajo de cortar la caña manualmente, para destacar la cantidad de energía humana necesaria para producir el combustible.
Basándose en fuentes brasileñas (país que se prepara para la gran producción de etanol a partir de la caña de azúcar), Castro dice que para cortar 12 toneladas de dicha gramínea, cantidad ideal para que un picador pueda obtener la ganancia de su manutención, el picador tiene que someterse a unas 36,630 flexiones de piernas, caminar 800 tramos con cargas y desplazarse unos 8,800 metros en horario de las 8:00 de la mañana a 5:00 de la tarde.
Con estos datos el polémico líder cubano nos conceptualiza la energía humana como la capacidad que tiene la especie para realizar un trabajo, cuestionando de esta manera la cantidad de energía necesaria para la producción a gran escala del etanol, descalificándole como combustible alternativo, por lo insustentable desde el punto de vista humano y ecológica.
La energía a emplear en cantidad e intensidad produciría un impacto en lo ambiental y en lo económico perjudicial para la especie humana.
En este artículo lo que más puede impresionar a un ciudadano común fuera de Cuba, es saber que Fidel cortaba caña y no de manera simbólica.
El líder cubano, quien a temprana edad se perfiló como lo que es, contando con 44 años y en medio de la efervescencia revolucionaria, dirigía, ocupando la primera línea del frente, la batalla para cumplir con la zafra de los 10 millones de toneladas del dulce en 1970.
Para la época se escuchaba decir que el rebelde verde olivo cortaba caña, las opiniones contrarias siempre lo negaban y argumentaban que se trataba de actitudes publicitarias, no se admitía que hacía un trabajo productivo de manera cotidiana: "...desde temprano”, "durante cuatro horas" el ídolo de los revolucionarios del mundo trabajaba para la zafra, hasta que dejó de hacerlo porque sufrió una herida en un pie cuando con un afilado machete cortó hasta su bota por accidente.
Fidel ofrece este testimonio para explicar lo agotador que es cortar caña, aun teniendo todas las facilidades que no tenían otros, tales como que le afilaran el machete, tener almuerzo y un lugar para descansar.
Al decir estas cosas, Fidel distrae a cualquiera y, lejos del lector prestar atención al problema energético, le pone a pensar en la aptitud moral del revolucionario.
Así es la grandeza humana.
Su testimonio es estremecedor ante la conciencia de un mundo lleno de vanidad.
- "Fidel corta caña", decía papá.
- “mentira, ese es un doble, como se pervierten ustedes…", decía mi tío cura.
39 años más tarde de creer en las palabras de papá, leo lo que dice Fidel, al querer decirnos otras cosas: "yo personalmente he cortado caña no pocas veces por deber moral, igual que otros compañeros dirigentes del país. Y agrega: "Recuerdo el mes de agosto de 1969. Escogí un lugar próximo a la capital. Me movía bien temprano cada mañana hacia allí… No cesaba de cortar un minuto durante cuatro horas consecutivas… Ni una vez dejé de producir un mínimo de 3.4 toneladas diarias”.
Fidel admite que fue un cortador con mucha ayuda: "alguien se encargaba de afilar el machete ... luego me bañaba, almorzaba sosegadamente y descansaba en un lugar muy próximo - y termina diciendo, como si se tratara de un ciudadano cualquiera: "detuve aquel esfuerzo personal cuando me ocasioné una herida en el pie izquierdo. El afilado machete había penetrado en la bota protectora". (Reflexiones del 30 de abril de 2007, publicadas por Granma Internacional, versión digital)
Se trata del hombre del Moncada, el sobreviviente del Granma y el protagonista de la crisis de los misiles, al principio de la década del 60; cuando la tensión de guerra nos acercó a la real amenaza de la desaparición de la especie humana por la hecatombe nuclear, según los expertos.
Ese líder se corto un pie, en el momento en que cortaba caña. Un líder mundial cortaba caña.
“Fidel corta caña”, decía papa y yo lo cría con apenas 10 años.
Mi papá y yo no conocíamos que toda la grandeza del mundo cabe en un grano de maíz, como sentenció Martí.
pjtaveras@hotmail.com