lunes, 11 de julio de 2016

Tras los muros la muerte

Por Alexandra Maldonado


Los barrotes oxidados hablan de la cercanía del Mar, medio de sustento de muchos de los moradores de Gringo en Haina; pero quien les da vida también los puede matar, sólo bastaría un sismo de 8.5 en la lejana Fosa de los Muertos, para que la furia de esta inmenso hábitat marino levante sus implacables olas y arrope la comunidad.

Las hondonadas de las calles son el rastro de las crecidas de la Laguna Ñagá, con una longitud total de 1,121.7 metros, ubicada en Los Bajos de Haina hasta llegar al mar, y donde convergen aguas residuales de varias comunidades y de otras cañadas, aumentando su peligrosidad.

Y no es de asombrar, pues Haina es uno de los lugares más contaminados de República Dominicana y del mundo, pues en este Municipio de la Provincia San Cristóbal, República Dominicana, se encuentra operando más de 100 empresas en zonas industriales; la Refinería Dominicana de Petróleo, ocho generadores de electricidad que producen el 50% de la energía que consume el país, y uno de los principales puertos; y décadas atrás operó lo que fue el Ingenio Azucarero más grande del Caribe.


El Gris del Cielo y la humareda del ambiente cuentan la historia de un asesino silente que corta la respiración de ancianos y niños y que nubla la visión de los dueños de empresas que no ven más allá de sus bolsillos y que ignoran los estragos de la contaminación o la velan con empleos pírricos para los habitantes de la comunidad que destruyen lentamente.


El hedor a acetona que emanan de los químicos, altamente tóxicos de los “tanque de la muerte” ya no los inmuta, no lo sienten, no perciben en él la muerte; ni siquiera las decenas de familias aun refugiadas, desde el paso del Ciclón David en 1979, en el antiguo hotel y Club del Ingenio del Azúcar, ubicados justo al frente de los mismos.


A Julio César no le importan las bacterias o enfermedades que puedan degenerar por su transitar cotidiano por la Laguna Ñagá “eso se quita con cloro”, en esas aguas putrefactas está parte de su sustento de vida, de allí extrae los gusarapos que servirán de alimento a los peces que cría acuarios artesanales que le permiten llevar el pan de cada día a su familia.

La Mirada perdida en un futuro incierto de doña Flora Williams  habla de su preocupación por las generaciones venideras ¿Tendrán un lugar limpio donde vivir? O serán resilientes al veneno que hoy consume a su propia generación.

A Doña Flora le mortifica la contaminación por la quema constante de basura, pues aunque los camiones pasan dos veces a la semana a recogerla su destino final es la cañada, sumando a la destrucción del medioambiente los daños colaterales del lento deterioro de la salud de los habitantes de Gringo.

“Vivimos porque Dios nos ha permitido que respiremos, pero no porque este sea un lugar apropiado para vivir”, reflexiona doña Flora.

Esta antes era una laguna  y cuando llueve o vienen tormentas o huracanes las casas se llenan de agua hasta la mitad.

“Si las autoridades no disponen de un proyecto para limpiar las cañadas cualquier cosa puede ocurrir”, asegura esta mujer que ha vivido toda su vida en la  Comunidad.

La gente está consciente de los riesgos que le rodean, viven en un lugar vulnerable y con varias amenazas latentes: con casas mal construidas en una zona costera, sin desagües, rodeados de varias cañadas, con plantas eléctricas de ITABO I y II y sus partículas de carbón mineral; refinerías, aguas residuales de las múltiples empresas de zonas francas “sólo altos muros nos separan de estos riesgos y de la inminencia de una posible catástrofe”, aseguran los miembros de la directiva de Acción Tsunami.

Muchas familias viven debajo de los rieles por donde transitaban antiguamente los vagones de caña del antiguo Ingenio Río Haina: un par de días de lluvias bastan para que este lugar se inunde, entonces viene el desasosiego, por las pérdidas materiales y por casi ver de frente la cara de la muerte.

Rafael Campusano, coordinador de la Junta de Vecinos, recordó que donde hoy se encuentran los barrios Kilómetro 17, 18, El Gringo, El Bagazo, Ñagá, Los Mangos, Vietnam, Barrio 31 de Agosto y Los Platanitos era una zona “Virgen”, despoblada, donde había una laguna con aguas azufradas que servía de balneario y recreación a los habitantes de Gringo y otras comunidades de Haina, posteriormente Rafael Leónidas Trujillo  construyó casas muy bonitas, donde los ejecutivos del Ingenio Azucarero pernoctaban durante los días de trabajo.

La gente fue invadiendo los terrenos y construyó sobre las lagunas llenas de bagazo de caña, cenizas del antiguo ingenio y basura de las zonas francas. Muchas de esas casas se han destruido ante la sedimentación de los terrenos.

“La gente no está preparada para afrontar una situación de desastre”, afirmó Domingo Benítez, representante de la Defensa Civil en el Municipio de Haina “…a esta comunidad le urge un sistema de alerta temprana que les permita prevenir a la población de la inminencia de una catástrofe.”

Es por eso que representantes de varias instituciones públicas y privadas; así como de iglesias y ONGs se han sumado al proyecto “Acciones que Salvan vidas", que  trabaja  desde el año 2015 en la instalación de un Sistema de Alerta Temprana (SAT), herramienta para alertar y preparar a las comunidades ante cualquier  amenaza de un tsunami; mejorar la capacidad de respuesta  y fortalecer la resiliencia de las comunidades e instituciones frente a sismos y tsunamis en la costa Sur de la provincia San Cristóbal; así como la creación de comités municipales de prevención, mitigación y respuesta (CMPMR), especialmente  en las comunidades de Bella Vista, Gringo y el kilómetro 18 del Municipio de Haina.

 “Acciones que salvan vidas" es ejecutado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), el Instituto de Acción Comunitaria (IDAC) y la Asamblea de Cooperación por la Paz (ACPP).
                      
A este plan, liderado por Elieser Matos Vargas,  Técnico en Proyectos de Desarrollo,  Experto en Gestión de Riesgos y consultor de UNESCO, también se han sumado los Comités Municipales de Prevención, Mitigación y Respuesta de los municipios de San Cristóbal, Bajos de Haina, San Gregorio de Nigua y Sabana Grande de Palenque.

“El proyecto “Acciones que salvan vidas"  ha logrado coordinar esfuerzos de líderes comunitarios y del gobierno, representantes de las alcaldías, la gobernación provincial,   los bomberos, las iglesias, juntas de vecinos, comités de amas de casa, defensa civil,  de Cruz Roja y de las áreas de la salud y educación, para lograr la creación de los Comités Municipales de Prevención, Mitigación y Respuesta (CM-PMR), el mapa de riesgo ante tsunamis, un plan de contingencia y la señalización de las rutas de evacuación, entre otros resultados que permitirán disminuir el impacto de una catástrofe.”, explicó Elieser Matos Vargas.

Uno de los resultados tangibles de este proyecto es la creación del Equipo de Prevención, Mitigación y Respuesta de Riesgo “Acción Tsunami de Haina”, que ya cuenta con una sólida estructura para funcionar ante cualquier catástrofe.

Hasta la fecha “Acciones que salvan vidas"  ha impartido diversas charlas y talleres sobre riesgo sísmico y de tsunami, primeros auxilios y manejo de refugios y actualmente trabaja en un campamento para preparar a los técnicos de la red para elaborar el plan de emergencia, plan de evacuación  y  Mapas de Aproximación al Riesgo por Tsunami, para determinar el alcance de las olas en caso de que se produzca dicho fenómeno.

Ante tantos muros que saltar “Acciones que salvan vidas"   constituye la escalera que les permitirá cruzarlos sin fallecer en el intento.