sábado, 13 de junio de 2009

Alguien Rompió el Silencio

Por Pedro Taveras (pjtaveras@hotmail.com)
El 13 de marzo de 1976 el profesor Juan Bosch visitó Moca para participar en un coloquio literario sobre su novela El Oro y La Paz, organizado por destacados intelectuales del país, entre los que figuraban el Dr. Bruno Rosario Candelier, el padre Ibáñez, Apolinar Núñez, Marianne de Tolentino, Amiro Cordero Saleta y Aulio Ortiz, entre otros. Era la primera visita pública que Bosch hacía a Moca después de haber sido presidente.
Juan Bosch aprovechó su presencia en la ciudad del viaducto para visitar el nuevo local del Partido de la Liberación Dominicana, ubicado en la calle Colón esquina Doroteo Tapia, en la zona conocida como La Estación.
A pesar del empeño que se puso en separar la naturaleza cultural del motivo de esta visita de la otra pasión del consagrado literato: la política, los esfuerzos resultaron en vano. A la ciudad de Moca llegaron el literato y el político, pero en la población se quedó la imagen del dirigente político, pues por los cuatro vientos: barrios y campos se supo que Juan Bosch estuvo en el local del Partido, más que todas las cosas magistrales que se dijeron en el Teatro Don Bosco sobre su celebrada novela.
Fue emocionante ver llegar aquel hombre al Teatro Don Bosco, o “de los Padres” como popularmente se le conoce. Bosch, de cabeza blanca, alto, erguido, caminó más de una cuadra en medio de la gente que lo saludaba antes de llegar a la puerta principal, donde lo esperaba un público lleno de curiosidad y entusiasmos; y ¡por supuesto! también se podía sentir la ansiedad entre aquellos que formaban los diversos anillos de seguridad del líder más difamado por los poderosos del país.
Terminado este importante acto, como a las 6:30 de la tarde el compañero Juan fue recibido en el nuevo —y creo que primer— local del Partido de la Liberación Dominicana en Moca, donde se fue aglomerando gente, constituyéndose aquella visita en un pequeño mitin.
Bosch se impresionó cuando vio llegar tanta gente a escuchar sus improvisadas y juiciosas palabras; debido a que para esa actividad, que yo sepa, no se le hizo propaganda. Nadie sabía de esa visita al local, excepto militantes, circulistas y los pocos amigos del partido de esa época, porque la actividad que conocía el público era la del Teatro de Los Padres.
Recuerdo que me llamó la atención el hecho de que el día anterior Tonito Abreu, quien para esa época era el secretario general del Partido de la Liberación Dominicana, y otros, cuyos nombres escapan a mi memoria, estuvieron temprano en el nuevo local; después volvieron en la noche para reunirse con los dirigentes municipales. Desde lejos yo veía todo como una película muda, sin oír lo que se hablaba, y jamás se me ocurriría hacer preguntas sobre los movimientos de Juan Bosch al señor Esmeraldo González, quien era el jefe del Partido en Moca y a quien yo le servía en la logística del transporte.
Esmeraldo era el secretario general del partido y un paradigma para los jóvenes progresistas del municipio; en mi caso, desde que tenía 12 años lo conocía, al igual que a Winston Arnaud, El Chino, Amelio Silva y decenas de jóvenes que eran dirigentes de la resistencia a la represión del Gobierno de los 12 Años de Balaguer; los conocía en carne y hueso, en muchos casos con una relación personal y familiar impuestas por las dificultades de la época que, para nadie era un secreto, lindaban con la muerte.
Esmeraldo me tenía mucha confianza, al extremo de que muchos compañeros se irritaban por tal relación porque entonces yo no era ni siquiera miembro del PLD, aunque sí un colaborador por la logística que mi familia ofrecía; claro que sentía curiosidad ante los preparativos de las visitas que haría el líder en Moca, pero guardé silencio cumpliendo con una disciplina que nos imponían la época y la educación brindada por el partido.
A pesar de la extrema confianza que me tenía, Esmeraldo no soltó prenda sobre los movimientos del líder peledeísta en Moca. Por eso resultó una gran sorpresa el ver llegar al maestro y "compañero presidente".
(La confianza que Esmeraldo me tenía no se debía a méritos personales —porque yo solo era un muchacho de diecisiete años—, sino a mi padre, Silvestre Taveras, quien sirvió desde su posición a las mejores causas de libertad, arriesgando en muchos casos su propia vida).
Para ese día no había interés de hacer proclamas políticas, ni loas a Juan Bosch: "Juan Bosch presidente" "Juan Bosch, timón de la revolución” ni otras consignas se dejaron escuchar. Recuerdo que las consignas y proclamas para esos años eran muy limitadas, más que todo patentizadas por el partido, lo que más se hacía era aplaudir y también esto tenía una manera singular de hacerse.
La dirección local del PLD nos dijo que el partido no haría mítines, que su interés no era hacer grandes concentraciones; querían grupos de 500 ó 600 personas, como mucho. Más que una concentración multitudinaria sin sentido, por lo contrario (aunque muchos lo creían contradictorio) lo que se buscaba era un encuentro con el pueblo, donde se estableciera una real comunicación entre los participantes y relación personalizada con el líder. “Yo saludé a Juanbó”, “Juanbó me dijo…” eran las expresiones que se oía en la voz de la gente sencilla y de marcada sensibilidad social.
Lo que aprendimos en realidad de esa visita, y de otras en meses siguientes entre otras cosas, fue saber que Bosch lo que hacía era seguir un método para hacer las cosas en la vida, sobre todo en la vida política, donde se mueven tantos intereses y donde “hay cosas que se ven y otras no”, como tantas veces nos dijo.
Aunque el Partido nos orientó para que cuando viéramos al compañero Bosch no lanzáramos consignas, alguien rompió el silencio reflexivo y el suspenso con un fuerte aplauso, cuando don Juan dijo al iniciar sus palabras que en el partido no estaba la gente que decía que había que estar bien con los yanquis para gobernar este país. De ahí en adelante los aplausos llegaron al extremo. Esa noche aquel grupo era capaz de mover el cielo y la tierra si era preciso, mientras miembros de la policía vestidos de civil y uniformados merodeaban en la zona.
Después vinieron otras visitas a Moca, en meses posteriores con el propósito de retomar ese entusiasmo que vio en los rostros de los hombres y las mujeres que saludó en el pueblo del coronel José Contreras.
Desde ese entonces se nos fue explicando lo que eran los métodos de trabajo y su aplicación como condición para el desarrollo del Partido, ya que la gente nos presionaba para que creciéramos como lo hacían los demás, donde entraba cualquiera sin importar la calidad política y humana. Nos atacaban con eso de que “Juan Bosch no quería gobernar para hacerle el juego a Balaguer” y mil barbaridades más. Ante tanta presión de la gente, muchos compañeros no organizados tenían dificultad para entender qué eran los métodos de trabajo, dejándose llevar por las campañas mediáticas contra el líder peledeísta..
Juan Bosch venía visitando los pueblos del interior y los barrios de la capital, donde se creaban los Comités Patrióticos Populares, verdadera organización del pueblo que servía de cantera para los Círculos de Estudios, que eran los organismos por donde se entraba al partido, para constituirse en los misioneros de una nueva era política en la vida dominicana, como lo plantea en su libro “El PLD, un Partido Nuevo en América”.
Lo que más impresionó a Juan Bosch en Moca
Era un día muy caluroso como lo manifestó en esa tardecita del 13 de marzo de 1976 el ex-presidente, quien improvisó un discurso lleno de emoción y conceptuoso que nos marcó para el resto de nuestras vidas y nos convirtió en gente con valores humanísticos y políticos diferentes a los dominantes.
Nosotros grabamos aquel discurso magistral en un 99%, arruinando parcialmente una intervención grabada en la misma cinta de Aulio Ortiz, quien en aquella época era una de las mentes más brillantes con que contaba el partido en la región, según lo percibían los jóvenes del recién creado partido. La charla de Aulio sobre “Métodos” fue sustituida por la del autor de “Crisis de la Democracia en América Latina”.
Don Juan habló de cosas muy bellas y profundas: de los valores políticos, de la aptitud que debían tener los miembros del nuevo partido; mostró emoción y cálculo político al encontrar a un pueblo que lo recibía con entusiasmo y entereza; y haciendo suya aquella sentencia martiana de que honrar honra, expresó que lo importante no era que en ese lugar estuviera un líder aclamado, sino un pueblo en marcha, el mismo pueblo que inició la protesta armada contra la anexión de nuestra República a España, en 1861.
Moca, desde la segunda mitad del siglo XIX, ha tenido una destacada participación en la vida económica, política y cultural de la nación dominicana. De gente conservadora y de marcada definición social. En las diferentes luchas intestinas, antes de consolidarse el Estado dominicano, era considerada la “meca de las revoluciones”, pues en ella se daba un alto desarrollo de las fuerzas productivas: básicamente era una sociedad formada por comerciantes vinculados con el mercado exterior, agricultores y gente vinculada a la producción, manejo y comercialización del tabaco que, en determinados momentos, han asumido las ideas y las acciones independentistas y restauradoras, a lo que el autor de Composición Social Dominicana prestó especial atención.
Aunque su visita pública fue como literato, su impresión fue política, y su cosecha fue también política. Sin menoscabar la manifestación de afecto y calidad intelectual de los participantes en el acto literario —el cual dio sus frutos en lo literario—. Digo que su mayor impresión fue política por la interpretación que él dio a las manifestaciones de la gente de Moca. Desde el propio acto literario donde le tocó hablar al exponente del realismo social en la literatura latinoamericana, manifestó que si le hubiese tocado ahora escribir sobre “el Oro” (aludiendo a El Oro y La Paz) escribiría sobre el oro que se roban en Dominicana las grandes multinacionales.
¿Qué impresionó al arquitecto de Partido de la Liberación Dominicana (PLD) en su primera visita pública como literato a Moca?
Para la historia de PLD en Moca y la relación del líder con este pueblo, hay que subrayar tres situaciones vividas aquí por el líder de la libertad y que manifestó ese 13 de marzo en la noche:
Lo que primero le llamó la atención fue el hecho de que en la Guásuma visitó a un amigo, que años atrás había sido herido por una bala en el espinazo cuando “…el terror andaba suelto por las calles de la capital, como se suelta un toro en un potrero de mucha yerba…” Hablaba don Juan del terror que vivió la nación posterior a la Guerra Patria, de resistencia contra el invasor yanquis en 1965.
Hablando de ese amigo, Bosch, muy emocionado nos contó: "...Ese compañero (Guarionex Rosario) nos habló con una claridad, con una energía, con una fe, nos habló del pasado, nos habló del presente, nos habló del porvenir y nos dijo: yo sabía desde hacía mucho tiempo —se refería, desde luego, al PRD— que el partido estaba dividido pero no fraccionado, dividido ideológicamente y la gente más avanzada está ahora aquí". Sic (Paréntesis de Esmeraldo González).
Con las palabras de ese amigo, don Juan comprobó que mucha gente había alcanzado ya a comprender el porqué de su salida del antiguo partido y que el desarrollo del nuevo partido dependería del trabajo metódico, del tiempo y de la entereza patriótica de sus miembros. Eso nos dijo. Era su concepción del trabajo político en aras de transformar la sociedad atrasada y excluida como colectividad en una moderna y más justa.
La Segunda situación emocionante y significativa vivida por el compañero presidente sucedió en la casa del mismo amigo que le dijo que lo más avanzado ideológicamente se encontraba en el PLD, fue cuando una niña, hija de este señor, le entregó un ramo de trinitarias moradas, tal como lo señaló durante la inauguración del local: "... Y una niña, hija de ese compañero enfermo, nos llevó un pequeño ramo de flores”, y lleno de entusiasmos expresó: eran, señores, trinitarias moradas, para explicarnos: "... la trinitaria era el pequeño grupo de hombres que organizó Duarte para comenzar la tarea increíble de fundar una República en este país, que era entonces el espejo de la miseria”, y para completar el cuadro emotivo agregó: " ... el color morado es el color que escogió el Comité Central como color del partido....esa niña no se daba cuenta que estaba poniendo en las manos a un mismo tiempo el recuerdo de Juan Pablo Duarte y su obra y el color de nuestro partido”, y terminó sellando su relación con Moca, diciéndonos: "...Se necesita que pasen muchos años para que yo olvide la significación del regalo de esa niña, se necesita que pasen exactamente, los años, los meses, los días, los minutos que nos quedan de vida y como es natural, compañeros y compañeras... estaré recordando mi presencia entre ustedes."
A partir de esta visita cultivó una profunda amistad en lo literario, en lo familiar y lo político entre los mocanos y mocanas.
Y tercero, podemos subrayar entre esas situaciones la calidad de la gente del PLD a nivel local, militancia que lo recibió con honor: "...con un carnet de honor ante los ojos del pueblo", como definió ser militante del PLD en aquel entonces.
En Moca el PLD surgió respaldado por excelentes cuadros políticos naturales, surgidos del propio pueblo, de los sectores fabriles y artesanales del municipio, de la metalmecánica, del tabaco y del calzado, así como del sector magisterial y estudiantil. Era una membresía orgánica, estructurada en una relación de producción definida: obreros, artesanos y pequeños empresarios de marcada sensibilidad social y política.
En esa noche el maestro reconoció a esas mujeres y hombres como su semilla, sus garantes, cuando dijo: "...Si ustedes me reciben con el cariño que lo han hecho, con el entusiasmo que lo han hecho, y yo acepto conmovido ese cariño y ese entusiasmo… es por el ejemplo de los mocanos que están trabajando en el partido…” y agregó: "... ellos son ante ustedes los garantes de mi conducta y ustedes me aceptan porque saben quiénes son ellos."
En su humildad martiana señaló: "...lo importante no es que este partido tenga un líder... es que este partido tenga un pueblo... aquí está este pueblo."
Como padre espiritual que es todo líder, nos exhortó: "...mocanas y mocanos, permítanme decirles... en nombre de los que dirigen aquí este partido: mantengan viva la fe...aunque nosotros caigamos en la lucha porque lo que no puede caer nunca son los ideales que tenemos y la conducta que mantenemos." (Todas las citas corresponden a la transcripción de la cinta magnetofónica hecha por Esmeraldo González y revisión de Pedro Taveras, transcripción in extensa que puede leer en este Blogspot).
Juan Bosch es el rompimiento del silencio del pueblo dominicano, es el maestro del cual aprendimos a mantener en alto los ideales y la conducta de los fundadores de la República, sobre todo, la idea de Juan Pablo Duarte de plantearse la Política como ciencia digna de ocupar la inteligencia y a los líderes revolucionarios del mundo a quienes les rindió su tributo como pensador.
Martí, el apóstol de la independencia cubana, regresaba de La Vega camino a Montecristi y Dajabón en 1895, se detuvo en la casa de un amigo, entre Santiago y Montecristi, llamado Jesús; sus hijas recibieron a Martí con seis matas de flores.
Martí pasó por tierras dominicanas, por el norte y por el sur, en su condición de insurrecto. Las trinitarias que la niña de la Guásuma entregó a Bosch y las matas de flores que las hijas de Jesús entregaron a José Martí son dos actos simbólicos que me confunden porque parecería como si el tiempo se hubiera detenido, y los siglos no pasaran cuando de gente como éstas se trata, salvando las diferencias que imponen los tiempos y las sociedades en que ambos actuaron.