Interés de una Misión Secreta (y 20)
Epílogo de un viaje
Aunque el norteamericano criticó fuertemente la situación sanitaria en el país, por la falta de médicos, consideró que los dominicanos en su mayoría lucían sanos y robustos; pero se explaya en cumplidos para la parte dominicana de la isla al mencionar la belleza de sus paisajes y de sus recursos naturales:
La complejidad de un diario.
El diario del
teniente David Dixon Porter es una lectura compleja, tal como señala el señor
Juan Tomás Tavares K., quien nos lo presenta
de manera sintética y magistral en
la edición publicada por los bibliófilos dominicanos en 1978.
Para cualquier lector
medio, ni una, ni dos lecturas bastan para entender dicho informe, debido a la
cantidad de temáticas en los campos geográfico, político, económico,
sociocultural y estratégico que trata sobre la nueva nación, las cuales no se
pueden analizar de manera trivial.
Y decimos que
la lectura es muy complicada porque se omiten innumerables informaciones
neurálgicas (con cortes intencionados), de las cuestiones que necesitaba Bucharnan,
jefe del Departamento de Estado de la época, quién, al parecer, de manera
particular envió al teniente David Dixon Porter a República Dominicana.
También debemos señalar que el diario de Dixon es un manuscrito hecho de noche, a pura vela, en varios momentos durante
el recorrido terrestre; porque el día a día lo pasaba encima de un caballo y en
permanente conversación con los curas católicos, los jefes militares y con los habitantes
de los pueblos visitados.
David Dixon
Porter además escribió en gabinete,
después de abordar el bergantín Porpoise y fuera del país; porque tuvo
la oportunidad de leer informes de reconocidos autores, a los que cita y reproduce
algunas informaciones en su Diario de una Misión Secreta a
Santo Domingo 1846, como fueron los casos de los escritos de Sánchez Valverde sobre nuestros recursos
naturales e informes de los franceses, como lo fue Charlevoix, Moreau
de St. Mery, quienes estudiaron esta
parte de la isla de la Hispaniola o Haití.
En el mismo año y mes que Dixon
Porter llegó a Santo Domingo, Estados Unidos inicia su guerra de conquista de
los territorios mexicanos; y, apenas 12 meses después de que el cura de Cotuí le advirtiera lo que sucedería
con Texas, en junio de 1847, ya estaba peleando en la segunda batalla de
Tabasco, México, dirigiendo el vapor Spid
Fire de la armada de su país. (https://es.wikipedia.org/wiki/Segunda_batalla_de_Tabasco).
Por otra parte,
podemos aseverar que no nos equivocamos cuando cuestionamos el trayecto hecho
por David Dixon Porter por parte del territorio de la República Dominicana en
cuanto a la cantidad de millas que él
dice que recorrió; tal como escribimos en
Geografía de un Viaje, publicado en este periódico, que era imposible recorrer
800 millas (1287.2 kilómetros) en tan pocos días, porque en realidad no fueron millas, sino kilómetros;
parece haber un error de interpretación en el traductor. Si vemos, los cálculos
de las distancias que recorría el marine son parecidos a las actuales, pero si
lo calculamos en kilómetros.
Nuestras carreteras aún tienen mucho del sentido y hasta del trazo de
las estrechas sendas o caminos del
indio, los que fueron transformándose con los años en los caminos reales por el
uso de las herramientas de los conquistadores europeos; y, luego, en las
carreteras actuales, producto del uso de
la tecnología de los países desarrollados.
En cuanto a
distancias y geografía de las poblaciones visitadas, salvo unos cuantos yerros
y cambiando la palabra milla y poniendo kilómetro, el norteamericano dio en la
diana, y se adelantó, en muchos casos, a nuestros primeros geógrafos Francisco
Javier Angulo Guridy (1866) y el padre Billini (1884), quienes publicaron
nuestros primeros tratados de Geografía con propósitos pedagógicos.
Finalmente, invitamos a los lectores interesados en la Historia a adentrarse
en las lecturas de David Dixon Porte en su Diario
de una Misión Secreta a Santo Domingo, para que puedan conocer una visión
amplia, aunque con sesgos, de la situación política, económica y social que
presentaba República Dominicana, solo dos años después de su Independencia
Nacional, despertando el interés de la
poderosa nación del norte en 1846, a lo que
un periodista norteamericano llamó el destino
manifiesto, siguiendo la doctrina del presidente Monroe de “América para los americanos”.
David Dixon Porter, 20 años después de haber hecho el
recorrido y ya con rango de vicealmirante de la marina de su país, retornó a
República Dominicana en una misión diplomática, cuyo objetivo era lograr que el
gobierno dominicano le concediera a los Estados Unidos el control de la Bahía
de Samaná, gestiones que fueron infructuosas.
______________
Fuente: Diario de una misión secreta a Santo Domingo (1846), Traducción por P. Gustavo Amigó Jensen, S. J. Editora de Santo Domingo, S.A. Santo Domingo, República Dominicana 1978. Con presentación de Juan T. Tavarez K. Sociedad Dominicana de Bibliófilos, INC.
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