Interés de una Misión Secreta (16)
Dixon, entre lo sagrado y lo profano
Cuando el domingo la gente acudía a la ciudad
“… y todos los habitantes de la región vecina acudían en montones a misa (momento sagrado) y luego a gastar sus ganancias semanales en la gallera o
en las tentadoras tiendas; donde relucientes artículos de algodón
estaban desplegados con un gusto que acreditaría a Nueva York o Filadelfia (momento
profano), (Diario…Pág. 205. Paréntesis pt.).
Dixon
no dejaba ver a cuál denominación religiosa pertenecía por los pocos juicios que
hacía en la materia; era protestante por indicaciones. Decía que el gobierno, quien
permitió a un ministro que “… podía predicar en el idioma que quisiera y
establecer una iglesia y escuela protestante, dondequiera que le pareciera
conveniente”, no era en materia de religión “tan anticuado
como la iglesia…”, haciendo referencia a la
católica, o el caso del cura de Azua que le invocó para que dejara él protestantismo
y las enfrentamientos sutiles contra los curas católicos. Sí, él era creyente y
lo hacía de manera muy particular, porque apenas invocó a Dios en medio de tantas vicisitudes,
unas 3 o 4 veces en más de 90 mil palabras que contiene su Diario
de una misión secreta a Santo Domingo 1846. En particular lo clama una
vez cuando el comandante de Maniel (Ocoa) le regala el caballo que dice que fue
un “don de Dios” porque le hubiese
atrasado el viaje en tres días, y apenas
para describir lo monumental de la naturaleza que conoció y otras grandezas, se refería a la providencia y no fue más de 4 veces,
dos puesta en la boca de los sacerdotes de Azua y Cotuí.
No
fue de interés para Dixon insistir en el tema religioso en particular, solo le
llamó la atención la relación del pueblo con su dios y la obediencia a las
autoridades católicas; la disparidad de la vida material entre ésta y los pueblos
que pastoreaban, así como la tolerancia de la vida profana en cuanto a consumo
de alcohol, juegos y uniones libres quienes, en muchos casos, por razones económicas
no podían entrar al sacramento matrimonial.
El tema femenino no fue
de interés de la misión secreta, pero si elemento importante en sus notas: La
dominicana despertó su atención desde que salió de Santo Domingo capital, sobre
todo, por sus expresiones de laboriosidad, seriedad, belleza y la liberalidad
de estas en un siglo como el XIX. La trató con considerable finura y respeto,
lo que no sucedió con el tema racial, quien buscando el análisis raciológico,
navegaba en el prejuicio racista, aunque lo negaba en ocasiones; con la mujer,
también se desborda en indicaciones sutiles de carácter sexual. Como sucedió en
muchas ocasiones, por ejemplo, cuando amaneció en Sabana Buey donde toda la
familia dormía en una misma habitación, donde hombre y mujeres se levantan
juntos y donde “los sentimientos más delicados deben hacerse groseros y
la modestia convertirse en un artículo de gran rareza”, como escribiera en la página
77 de su diario.
En Hatillo, Maimón, donde
él sospechaba que un hombre convivía con dos mujeres mulatas que al norteamericano
les llamaron la atención, al indagar sobre la distancia para llegar a Cotuí, el
don Juan, como una manera de salir del marine, le dijo que se fuera porque
llegaría temprano, tan solo en dos horas, cuando en realidad se tomó 6 horas.
Dixon entendió que lo botó para que no continuara viendo a las que creía que
eran sus amantes.
La
misma noche que llegó a Santiago, vio accidentalmente a las mujeres bañándose
en el río libérrimamente, aunque vestidas, de sugerentes encantos femeninos;
pero, como era norma, separadas de los hombres; vio aquello con asombro e
imaginó que a él no lo vieron.
Criticó
a los extranjeros y a aquellas personas de clase alta que tenían relaciones
fuera de su matrimonio o de manera informal, aunque mantuvieran relaciones
armoniosas con su pareja, en muchos casos, pero discriminaban casarse porque no
eran de su clase, alegando: “… la
inferioridad de las mujeres que les impide tomarles por esposas legales” (Diario…Pág. 206).
Se
emocionó con las mujeres de Santiago, acorde con su concepción de la belleza
femenina, escribiendo: “ (…) Podía
con facilidad imaginarme en
Andalucía … parecían a las españolas de color aceitunado”. (Diario…Pág. 205).
La
tentación no se hizo esperar en aquel domador de caminos:
“Es triste, con todo, pensar que toda la aparente modestia que marca el rostro no es sino disfraz y que nuestra moral norteña frunciría el ceño por el sofocante sol que parece llevar aquí toda la culpa de la debilidad de la carne humana”. (Ibidem)
Alega
que “el ayuno y la oración no pueden reprimir (….), [lo] “Que no es
corregido por el ejemplo moral y los hábitos de la educación”. (Ibidem)
Y
cargando lo sagrado-profano y su incisiva crítica al catolicismo: “… El sacerdote, si es joven o viejo expresará
amor y absolución al mismo tiempo, al oír de una inocente doncella de la Juventud…”.
(Ibidem)
La
vida religiosa “…desde la juventud no le enseñan otras cosas que hipocresía
y amor. Así sucede que la moral de Santo Domingo no resiste la más mínima crítica”. (Diario…Pág. 206)
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Fuente: Diario de una misión secreta a Santo Domingo (1846), Traducción por P. Gustavo Amigó Jensen, S. J. Editora de Santo Domingo, S.A. Santo Domingo, República Dominicana 1978. Con presentación de Juan T. Tavarez K. Sociedad Dominicana de Bibliófilos, INC.
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