Interés de una Misión Secreta (17)
Moca, la ciudad jardín de Dominicana en 1846.
El
general “Tito” tenía un amor especial a este pueblo y, aunque era de Santiago,
optó por ser mocano y estableció su morada en Santa Rosa, una comunidad cercana
al mismo, según Rufino Martínez en su Diccionario Biográfico-Histórico
Dominicano.
En
Moca, “Tito” tenía a sus aliados y sus tropas independentistas que, como todo
el generalato de la Primera República, eran gente del pueblo de diferentes
sectores sociales, desde las clases altas hasta las más bajas socioeconómicamente
hablando.
Al
parecer, Dixon tenía buenas referencias de “Tito”, por las hazañas que le
contaron que había realizado este general, un táctico por naturaleza más que
por disciplina militar, que combatió a los haitianos en Guayubín, llevando al enemigo a su propio terreno: retrocedió
en la Sabana Guayubín ante el avance haitiano con el propósito de atraerlos, y
movilizando a todos los pueblos de la región para que se prepararan para atacar;
cuestión de que cuando el enemigo intentara apoderarse de Santiago, fueran embestidos por
todos los lados, constituyéndose ese ataque en una resistencia demoledora por parte del
lado dominicano. Nuestro aventurero estaba frente a un militar improvisado, como lo definió Rufino Martínez en su
biografía.
Dixon
manifiesta que hubiera lamentado dejar de ver a Moca, porque era perceptible la
diferencia que tenía con relación a otras poblaciones, por la laboriosidad de
la gente y por la fertilidad de los suelos. “Moca es la ciudad Jardín de
dominicana”, escribió en su Diario de una Misión Secreta a Santo Domingo
en 1846.
Cuando
llegó a Moca y trató a su gente, se imaginó que estaba en Maniel, “porque era comparable solo con Maniel”, refiriéndose a la laboriosidad y hospitalidad
de los habitantes que encontró en San José de Ocoa.
Definió
a los productores agropecuarios mocanos como lo que más se parecía a su
representación de un productor norteamericano, el farmer caribeño. No se
explicaba cómo en un país pequeño, de tan pocos recursos tecnológicos, pudiera
haber un lugar “…para asombrar a uno experimentado en la materia…-y asegura que la producción lograda en esas
tierras: “… no sería nada para el duro americano que tiene a mano todos sus
instrumentos agrícolas”, (Diario…Pág. 209)
El mocano en su origen hizo conucos entre la
espesura del bosque de manera sorprendente, viviendo en la completa miseria, al
punto de perder parte de la familia para levantar su finca o granja
agropecuaria.
Las
generaciones anteriores de los mocanos del 1846 se iban con toda su familia y
animales y se mudaban en medio de la campiña: “El agricultor debe salir para
su viaje provisto con todo artículo de comida, que se va moviendo de lugar en
lugar mientras se va abriendo camino, y todo se pone en una choza provisional,
donde los hombres, las mujeres y los niños, perros, cerdos y pollos reclaman
iguales derechos. Los árboles comienzan a desaparecer ante el hacha del
habitante de los bosques, pero no más aprisa que la escasa familia, su único
solaz y apoyo en esta miserable soledad”. (Diario…pág. 208).
Describe
los estragos que padecía el agricultor mocano para tener su suelo produciendo: “La
enfermedad hace presa en ellos” y
muchas veces mueren y su trabajo lo
continúan los sucesores:: “Una segunda partida puede tener más éxito”, porque
los primeros siempre tenían fracasos en las explotaciones agrícolas; pero, a
pesar de todos los fracasos, los mocanos no eran tan pobres y podían abastecer
el mercado local; el interés de Dixon era la agricultura de mercado: “Todos los obstáculos desaparecerían ante
la empresa anglosajona y con su trabajo y con templanza ellos triunfarían …”,
(Diario… pág. 209)
Dixon
amaneció “…en la casa de un francés (General Imbert), quien, si bien no nos recibió con el calor de
los naturales, con todo nos mostró suficiente hospitalidad” (Ibidem.
Paréntesis DF). Se había mojado ese día y tuvo que dormir con la ropa húmeda; Imbert
le ofreció una rica cena, y Dixon lo felicitó “por tener tan buen cocinero”,
pero la sorpresa fue cuando Imbert le dijo que era su mujer que había
preparado los alimentos. (Ibidem).
Para
cuando Dixon visitó a Moca, la escuela tenía 40 alumnos, le impresionó que
cuando llegó encontró al profesor maltratando a un niño. Los estudiantes tenían
tres meses que habían iniciado las clases y observó que habían adelantado,
aunque no lo suficiente como debiera ser. La informalidad del sistema educativo
produce poca calidad de la educación, porque el “…sistema adoptado y las
pocas horas que dan a sus estudios, no aprenden tan pronto como pudieran
hacerlo de otro modo”.
En
la mañana visitó las principales tiendas y observó “que todos los artículos
de mercancía eran de los Estados Unidos”.
La población de la ciudad de Moca, según el censo
parroquial que Dixon llevaba de cada pueblo, era de “mil quinientos
habitantes”. En la común habitaban “doce mil almas” y poseía “cuatro
mil soldados y una tropa de caballería
con 150 hombres. Están mal uniformados y peor entrenados…”. Diario… pág.
210)
Para
el militar norteamericano era “inútil tratar de entrenar”, porque “tienen
un modo de pelear peculiar suyo (…). Disparan sus mosquetes y luego corren
sobre sus enemigos con sus largos machetes…” (Ibidem)
Una
persona que estuvo en uno de esos combates de los mocanos, le dijo: “…que
parecían como otros tantos demonios sueltos y que destruían cualquier cosa que
estuviera ante ellos". La historia registra, años después de la apreciación
de Dixon, las andanzas de Pedro Pablo Salcedo, “Perico”; y Manuel Rodríguez, “El
Chivo”, avecinados en Moca, y otros personajes endemoniados que lucharon al
lado de los patriotas, pero que buscaban en su condición de pequeños burgueses,
intereses particulares, más que la constitución de una nueva nación, como bien lo
define la sociología boschiana.
Dixon
Porter animado, al ver la producción de la compañía mocana, decide retornar a Santiago
tomando el camino largo, y en el trayecto se encuentra con nuevos e
interesantes personajes y un impresionante paisaje.
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Fuente: Diario de una misión secreta a Santo Domingo (1846), Traducción por P. Gustavo Amigó Jensen, S. J. Editora de Santo Domingo, S.A. Santo Domingo, República Dominicana 1978. Con presentación de Juan T. Tavarez K. Sociedad Dominicana de Bibliófilos, INC.
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