Interés de una Misión Secreta (18)
Moca, entre guerreros y granjeros
José María Imbert fue un general de la República, de origen francés, que había estado en Puerto
Príncipe y luego se estableció en Moca, pasando a la fila de la lucha
independentista; había sido alcalde y corregidor de la común, según escribe
Rufino Martínez en su Diccionario Bibliográfico-Histórico Dominicano,
aportando sus conocimientos militares junto al general Salcedo “Tito”; fue el anfitrión
de Dixon Porter y quien lo acompañó por
las campiñas mocanas el día 8 de junio de regreso a Santiago.
El
general Imbert lo acompañó por lo que el marine norteamericano llama “el camino
del norte” y el más largo para regresar a Santiago, con el propósito de que
ver las explotaciones agrícolas de la zona; es decir, retornaron por la Ermita,
Paso de Moca, San Víctor, Ceiba de Madera y Canca, bordeando la montaña
septentrional, luego pasaron por Tamboril y entraron, se supone, por Pontezuela
que era un camino importante para llegar a Santiago. Y dice que todo ese camino
y los campos mencionados estaban poblados: “… puedo decir que está muy
densamente poblado y altamente cultivado. Todo parece hermoso salvo esas
casitas de campo de aspecto ruin, que se construyen entre hermosas arboledas de
palmas (Diario… pág. 210).
| Árboles, como la Ceiba pentandra, dejaron impresionado a Dixon Porter cuando regresaba a Santiago desde Moca. |
Lamentaba
que en medio de tanta riqueza solo se encontraban las ruinosas viviendas,
cuando pudieran construir palacios en proporción a la productividad de los
suelos.
A la respuesta que daba el mocano del campo en 1846 sobre su preferencia arquitectónica, le hace la siguiente reprimenda: “… En cualquier otro país los palacios adornarían estos hermosos prados, que suben gradualmente al lado del camino…De padre a hijo, el mismo modelo de construcción es observado cuidadosamente y así continuará el uso, hasta que se traslade entre ellos gente que tenga mayor gusto en arquitectura”. (Ibidem).
El encuentro con el coronel Sosa, guerrero y agricultor.
Al
regresar por el camino largo, visitó al coronel Sosa, “… un dominicano de
mentalidad sencilla, que estaba trabajando duro…, haciendo atados de tabaco…” Sosa
fue un independentista y después se destacó en las luchas restauradoras
(1862-1865) de la República contra España, como también lo hicieron decenas de
figuras mocanas.
Era costumbre, entre los campesinos más ricos de la zona, construir sus casas retiradas de los caminos, como lo explicó Dixon cuando marchaba de La Vega a Santiago. Sosa salió de su propiedad junto a su familia al encuentro con el norteamericano con una cara de mucha alegría y afecto hacia el visitante y al rato ya estaba almorzando junto a la familia. Ese tipo de escena afable se había repetido en otra casa el mismo día, algo que siempre subrayó de los habitantes de valle del Cibao.
Para Dixon, Sosa trabajaba como un “granjero tanto en la práctica como en la teoría” y escribe que: “La ocasión presente servirá para dar alguna idea de estas haciendas, de las que hay muchas, y de las que la del coronel Sosa es como la mejor muestra”. (Diario…pág. 211)
El campo mocano era rico para 1846 en
comparación a la mayoría del país: “… La mayoría de los propietarios de
estas haciendas son ricos y viven más allá de las necesidades de este mundo. No
gastan nada y ahorran cada año de cuatro a cinco mil dólares de su dinero, que
se entierra en algún lugar seguro. Esta es la única clase de bancos que tienen o conocen y no hay
duda de que son los más seguros. No entienden nada de cambio o porcentaje, y no
parecen preocuparse por extender sus conocimientos por ese camino”. (Ibidem),
Eran las relaciones de producción mercantil, que predominaban en el
país para la época, como magistralmente describe Roberto Cassá en su Historia
Social y Económica de la República Dominicana.
Dixon,
buscando siempre el dato de campo no
dejaba de hacer sus mediciones, así como en Ocoa se dedicó a contar los granos
de un cafeto y a pesarlo para conocer su productividad, hizo un inventario de
la producción del general Sosa durante el último año, contabilizando la
siguiente producción:
Sacaba
diez mil seiscientas libras de tabaco, que vendía en mil seiscientos dólares
españoles; sacaba ocho mil libras de café por valor de 760 dólares; tenían cien
vacas, cien "tareas"(629
metros cuadrados) de plátanos, diez caballos de montar, quinientos cerdos,
cincuenta acres de maíz, de los que vendía diariamente una cantidad por tres
dólares españoles y él mismo no sabía la cantidad de aves. Calculaba su terreno
en un valor de cincuenta y ocho mil pesos españoles y su ingreso en $ 5.945. (Diario…
pág. 212. Paréntesis, pt).
De
las 19 comunes más productivas, en el tiempo de la ocupación haitiana, la de
Moca ocupaba el octavo lugar entre las que más unidades de producción campesina
tenía, con 414 unidades produciendo víveres, café, tabaco y ganadería, entre
otras. (Cassá, R. 2017. Historia Social y Económica de la República
Dominicana. Tomo I. Pág. 335).
Consideró
la esclavitud que algunos deseaban para mantener la producción agropecuaria
como absurda, porque la producción estaba garantizada con el esfuerzo familiar y unos cuantos
asalariados. Su concepción de la industria agrícola y las relaciones de
producción capitalistas ya la tenía clara para esa época: “La absurda idea
mantenida por muchos de que el trabajo esclavo es absolutamente necesario en
esta isla debe ceder el paso ante estos hechos. La industria y unos pocos
trabajadores, a salarios moderados, asegurarán una competencia en cualquier
parte…”. (Diario…pág. 212)
La
apreciación de Dixon Porter quedó demostrada cuando Moca alcanzó la categoría
de provincia 4 décadas después, siendo la primera, después que en la Constitución del 1844 se estableciera la
creación de las 5 provincias fundacionales de la República Dominicana.
Algo
que lo sorprendió fue encontrarse con frondosos árboles, “…igual en
tamaño, si no mayor a la encina, está profusamente esparcida por estos terrenos
y serviría para dar una hermosa idea de un parque inglés; aunque quizá más
hermoso, debido a los árboles tropicales”. (Diario…pág. 211). No
cabe duda de que se refiere a la antigua población de Ceiba pentandra que existían en dicho
camino, desde Estancia Nueva, La Ermita, paso de Moca, San Víctor, Ceiba de
Madera, donde en los años del 1960, todavía se encontraban individuos de esa
especie.
Y
bien señala Dixon Porter en su diario que “Con la ayuda del trabajo, toda
la distancia desde Santiago a Moca podría hacerse un perfecto paraíso”.
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Fuente: Diario de una misión secreta a Santo Domingo (1846), Traducción por P. Gustavo Amigó Jensen, S. J. Editora de Santo Domingo, S.A. Santo Domingo, República Dominicana 1978. Con presentación de Juan T. Tavarez K. Sociedad Dominicana de Bibliófilos, INC.
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